Día del periodista: enlodados por las mentiras, pero siempre molestando
- Telediario Digital

- 6 jun
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Por Guillermo Geremía
“Si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia; el error, la mentira, la preocupación, el fanatismo y el embrutecimiento harán la divisa de los pueblos, y causarán para siempre su abatimiento, su ruina y su miseria”. Mariano Moreno es el autor de esta frase que fue publicada en tiempos de la Revolución de Mayo en La Gazeta de Buenos Ayres, fundada y dirigida por el abogado, político y periodista. Aquella advertencia de hace 216 años tiene vigencia y actualidad en los tiempos que corren.
Nunca antes y nunca tanto, al menos desde la recuperación de la Democracia, un Presidente a descalificado, menospreciado e insultado el rol de los periodistas en la sociedad. Al menos del 95%, atacando el núcleo de funciones de la profesión como constructora de ciudadanía informada, precursora de la justicia y fundamento mismo de la democracia.

El 21 de junio de 1810 Moreno publicó en “La Gaceta…” con el título ‘Sobre la libertad de escribir’ un escrito en el cual llamaba la atención sobre importancia que tenía la libertad de expresión para el gobierno patrio. “Dese acceso a la verdad y a la introducción de las luces y de la ilustración: no se reprima la inocente libertad de pensar en asuntos del interés universal, no creamos que con ella se atacará jamás impunemente al mérito y la virtud, porque hablando por sí mismos en su favor y teniendo siempre por árbitro imparcial al pueblo, se reducirán al polvo los escritos de los que, indignamente, osasen atacarles”.
La historia se ha encargado de relatar lo acotado que fue el período de incidencia de las ideas de Moreno en los hombres de Mayo de 1810. El grupo más conservador liderado por Cornelio Saavedra logró desplazarlo. Su muerte temprana en alta mar, a meses de estas internas, sigue siendo un capítulo ominoso de Argentina cubierto por la niebla marina en el vaivén entre la fatalidad y la conspiración. Moreno murió o ‘lo fallecieron’ pero ya se sabe como citó Sarmiento de un autor francés, “las ideas no se matan

Aunque el presente de los Medios de Comunicación en todos sus soportes y el rol de los periodistas parece empecinado en olvidar los principios que Mariano Moreno estableció para que cada 7 de junio se evocase el rol de la prensa y la información en la vida republicana. Nunca fueron ni serán ideales las condiciones para el desarrollo de la actividad, porque la incomodidad propia y ajena está obligatoriamente en el ADN de los trabajos de los hombres de la tecla, la palabra y ahora, la pantalla.

Los periodistas somos responsables y a la vez víctimas de los tiempos que corren en donde la desinformación marca la agenda, se está extinguiendo la diversidad de voces, la prensa ha dejado de incomodar al poder para servirle y básicamente nos olvidamos que el periodismo es un servicio público esencial. Al decir del filósofo surcoreana Byun Chul-Han nos entregamos a la idea de que “la información se haya transformado en acumulativa y aditiva en reemplazo de la verdad que es exclusiva y selectiva”.

“Entre el periodismo insípido de los que no se comprometen con nada y el periodismo fogoso que se vuelve propaganda, hay un camino medio: el del periodista que muestra hechos y los hace entender”, afirma en su dorado legado el escritor y periodista colombiano Javier Darío Restrepo.
En nuestros días y en la realidad próxima, los banales y los ensobrados avanzan a velocidad crucero en asfaltadas avenidas mientras que los terceros sufren marchas y contramarchas en caminos de cornisas a punto de derrumbarse.
La precariedad laboral, la pérdida de rigor profesional y la endeblez moral han sumido a la prensa del presente en un descrédito que tiene justificativos. En iguales proporciones, por los comportamientos endógenos y los ataques externos. Para cada uno Restrepo dejó su letanía pagana. “Un periodismo hecho para entretener, despoja a la profesión de su dignidad y a la sociedad del derecho a conocer”, para los errores propios. “El periodista obediente y sumiso quedará condenado a convivir con su mentira y su indignidad”, para las excusas en culpas ajenas.
En la admisión de nuestras defecciones y si la estadística presidencial es rigurosa, aún así, hay un 95% de la prensa que lo incomoda y lo irrita al extremo de repudiable odio y la infundada descalificación. Pese al constante ataque y desconsideración, publicar lo que el poder real quiere ocultar sigue siendo el rol de la prensa. “Dios me puso sobre la ciudad como a un tábano sobre un noble caballo, para picarlos y tenerlo despierto”, frase de Sócrates que utilizó Natalio Botana a partir de 1921 como slogan del recordado Diario Crítica.
En el decálogo de omisiones presentes que asoman en nuestro trabajo cotidiano, hemos abandonado la precisión usando como excusa la velocidad en la tarea que nos imponen los actuales formatos. No proveemos los contextos para entender los hechos, combinados con la falta de recopilación y actualización de los acontecimientos y la no identificación clara de las fuentes informativas. Hoy se ha llegado al extremo de ocultar los lugares donde se producen los acontecimientos para llamar la atención con una hipotética proximidad y se cita sólo ocasionalmente la fuente emisora. El “nunca plagiar. Siempre atribuir”, son dos de los verbos del Código de Ética periodística menos conjugados en tiempo presente. ¿Con qué derecho podemos exigirles a los demás comportamientos éticos si los nuestros no lo son?
Crece en el periodismo la falta de comprobación de los hechos, abunda la difusión de rumores que se tratan de hacer pasar como noticias y se justifica y/o exige el pago de entrevistas. La información se trata como una mercancía y no un bien social. Se presenta como periodistas o comunicadores a quienes no lo son, olvidando la responsabilidad intrínseca del rol que es establecer con rigor la veracidad de los hechos y no ampararse en la información suministrada por las audiencias.
Los poderes, ya sean políticos o económicos, miran este panorama con la satisfacción de quien sabe que en este entorno será muy fácil colar desinformación y/o propaganda. Los gobernantes se sienten tan fuertes que se niegan a responder preguntas y se protegen bajo el caparazón de los eufemismos llamando “ahorros” a los recortes, “modificación tarifaria” a la suba del boleto y los “despidos” son planes de eficiencia operativa”.
¿Es todo así?, no. ¿Todos los medios engañan?, en absoluto. ¿El periodismo es amoral?. El periodismo somos los periodistas que lo hacemos. ¿Quiénes están haciendo realmente periodismo aquí y ahora?. La Sociedad de Periodistas Profesionales de los EEUU recomienda a los hombres de prensa explicar a nuestras audiencias las decisiones éticas y los procesos tomados para llegar a ellas, reconocer errores y corregirlos inmediatamente, revelar conductas deshonrosas incluso si estas tienen que ver con nuestras propias organizaciones, entre otras obligaciones incumplidas.

Hacer periodismo de verdad se ha extraviado como principio rector. La conflictiva realidad que nos rodea nos obliga a volver a beber de aquel manantial que sigue brotando con las ideas de Mariano Moreno.
“La verdad, como la virtud, tienen en sí mismas su más incontestable apología; a fuerza de discutirlas y ventilarlas aparecen en todo su esplendor y brillo”.

Janet Malcom, la escritora y periodista norteamericana, una de las más autocríticas de la profesión, asegura que “el periodismo es moralmente indefendible” y lo fundamenta con el argumento que “el periodista es una especie de hombre de confianza que explota la vanidad, la ignorancia o la soledad de las personas, que se gana la confianza de éstas…para luego traicionarlas sin remordimiento alguno”. Es tiempo que desde el lugar en donde estemos hagamos algo para evitar que tenga razón.
Así son las Cosas.



