¿Incide Israel en el final (o no) del conflicto en el Golfo Pérsico?
- Telediario Digital

- 16 jul
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Israel posee una influencia determinante, aunque no absoluta, en la resolución del conflicto en el Golfo Pérsico, ya que sus operaciones militares y de inteligencia condicionan directamente las negociaciones diplomáticas entre Estados Unidos e Irán, así como la estabilidad de los aliados regionales árabes y el control del estrecho de Ormuz.

La geopolítica de Medio Oriente ha atravesado una profunda transformación. A lo largo de los últimos meses, la escalada bélica entre la coalición de Estados Unidos e Israel frente al régimen de Teherán reconfiguró por completo el mapa de alianzas. Históricamente, las naciones de la península arábiga intentaron balancear sus vínculos para mantener una frágil paz económica.
Sin embargo, el constante cruce de misiles balísticos, la interrupción del tráfico marítimo y los ataques a infraestructuras estratégicas han demostrado que ningún actor puede aislarse de la confrontación.
En el centro de esta encrucijada se encuentra la postura de Tel Aviv. Para el gobierno del primer ministro Benjamín Netanyahu, la contención de las milicias proiraníes (como Jizballah) en Líbano y la neutralización del programa nuclear persa representan prioridades existenciales. Esto ha llevado a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) a mantener una posición de fuerza y un despliegue operativo sostenido en zonas de seguridad, desoyendo en múltiples ocasiones los llamados a la desescalada de potencias internacionales.
En reiteradas ocasiones, mientras la diplomacia internacional buscaba frenar las hostilidades, Israel ha mantenido activas sus operaciones aéreas como un mecanismo de disuasión innegociable.
El principal punto de fricción radica en que cualquier acuerdo de paz integral choca de frente con los intereses estratégicos israelíes. Teherán ha condicionado en varias oportunidades el cese de sus ataques en el Golfo Pérsico al fin de las operaciones en territorio libanés y a una retirada total de las tropas de Israel en las fronteras. Ante este escenario, la administración estadounidense a menudo enfrenta el desafío de conciliar sus propios tratados y memorándums con la firmeza de su principal aliado en la región.
Los expertos advierten que la capacidad norteamericana para dictar el ritmo de las acciones israelíes se ha visto tensionada por la necesidad de garantizar la seguridad frente a las amenazas que emanan de la República Islámica.

Si se observa el panorama desde una perspectiva más amplia, la influencia de Israel sobre el conflicto abarca tanto el plano militar como el diplomático. Por un lado, la capacidad de disuasión y el control aéreo logrados por el Estado judío limitan el margen de maniobra de la red de influencias de Teherán. Por otro lado, su negativa a someterse estrictamente a los acuerdos marco impuestos por Washington sin garantías férreas de seguridad altera constantemente los equilibrios políticos en el Golfo.
Para una pacificación definitiva, la diplomacia global requiere inexorablemente de la participación activa y el consentimiento de Israel. Mientras la economía mundial y la seguridad regional sigan dependiendo del libre tránsito por el estrecho de Ormuz y del cese de los ataques balísticos, el papel de Tel Aviv seguirá siendo un factor decisivo en la balanza.
La posibilidad de alcanzar una paz duradera dependerá de hasta qué punto las exigencias de seguridad de Israel puedan ser integradas en un pacto regional integral que garantice su supervivencia sin perpetuar el ciclo de violencia.
Pablo M. Wehbe – Profesor UNRC-UNVM-UCC
Columnista de Temas Internacionales en Canal 13



