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(NO) PARE DE SUFRIR…ASÍ EN LA ECONOMÍA COMO EN EL FÚTBOL

Por Guillermo Geremía

El (no) pare de sufrir de la situación del país no da ni siquiera para una “pausa de hidratación” de respiro.
El (no) pare de sufrir de la situación del país no da ni siquiera para una “pausa de hidratación” de respiro.

“Que no sea sólo en el fútbol cuando juega la selección sino que podamos construir acuerdos más allá de los partidos políticos”, anheló el Gobernador de Córdoba tras participar de la celebración central de la provincia de los 210 años de Independencia, realizada en Río Cuarto con un convocante desfile cívico-militar. Martín Llaryora apeló sin quererlo a la metáfora del deporte más popular no poniendo en mensura el sufrimiento como lógica que implican cada día los avatares en la Argentina de Milei y que nunca son comparables con los pasos tan angustiantes que ha tenido hasta el momento llegar a ser semifinalista del Mundial 2026 para la selección de Scaloni. La diferencia es que en el fútbol con cada silbatazo final de seis partidos hemos tenido explosivas e ilusorias alegrías. Con la economía, hace más de tres años, que no.


El (no) pare de sufrir de la situación del país no da ni siquiera para una “pausa de hidratación” de respiro. En particular con el cierre del primer semestre del  año en la Córdoba mediterránea de la rica zona núcleo, donde se han precipitado acontecimientos que profundizan la gravedad de la situación social y económica.


“Se está cayendo el empleo, es muy difícil llegar a fin de mes. Hay un parate de la actividad económica que se siente, que causa mucha pena. Son cierres de empresas y despidos”, admitió la máxima autoridad política cordobesa en la gala del 9 de julio realizada en Huinca Renancó, la ciudad más austral cordobesa.

La descripción de esta angustiante realidad no la hace un crítico de la primera hora del gobierno de Milei sino uno de los tantos “dadores de gobernabilidad” que ha tenido el Presidente libertario. Pero Martín Llaryora ya no puede edulcorar la realidad, ni siquiera con ponderaciones de los supuestos éxitos macro económicos. Al peronista cordobesista no sólo las balas le pican cerca sino que están hiriendo de muerte a la producción industrial ligada al sector agropecuario.


Ese reguero de negatividad encendió su mecha en julio con el cierre de una histórica autopartista en la capital provincial, siguió con despidos en su planta de Noetinger en la otrora exitosa fábrica de pulverizadoras y terminó con el cese de actividad de una planta manisera en Santa Eufemia dejando sin trabajo a 70 personas. 


“Desde el origen la meta fue muy clara. Nos unimos en este emprendimiento con el objetivo de sumar nuestras producciones individuales de maní, industrializarlo y exportarlo. Nace con la idea clara de ser una empresa agroindustrial exportadora”, admitía Juan Alcorta a cargo en 2021 de la empresa MANISUR en declaraciones al diario PUNTAL. Eran días de record de exportaciones y celebración por las 3 décadas de la empresa que en una pequeña localidad de 2.400 personas aportaba por ese entonces 100 puestos de trabajo. Pasaron cosas y en 5 años dejaron de producir con el argumento de que no tienen maní para procesar.

 


“Los números económicos tampoco ayudan. Fuentes del sector estiman que implantar una hectárea de maní demandó inversiones cercanas a los 1.700 dólares por hectárea durante la presente campaña”, publicó el sitio web TODO MANI al analizar la situación de la empresa del este cordobés. Bajo esas condiciones se requerían rendimientos cercanos a los 40 quintales para alcanzar resultados financieros. Pero la culpa no es del dólar atrasado sino de los bajos rindes, aun considerando que la campaña no ha finalizado y queda mucho maní por levantar en el campo.

 

“Más allá de la situación particular de MANISUR, el debate de fondo parece centrarse en una pregunta mucho más amplia: si la cadena manisera atraviesa simplemente una campaña compleja o si algunos de los problema que hoy comienzan a evidenciarse en determinadas empresas anticipan un escenario más desafiante para el conjunto del sector en los próximos meses”, concluyen los especialistas en el producto del cual Argentina es principal exportador al mundo y rey de todas nuestras picadas.

 

Si le empieza a ir mal a los maniseros chicos y medianos que pueden esperar entonces las industrias metalúrgicas proveedores de maquinaria para ese y otros sectores agrícolas. El botón de muestra son los 35 obreros de METALFOR que recibieron el telegrama de despido mientras se disponían a mirar el partido de Argentina con Egipto por los octavos de final del mundial.

“Entré a la empresa con 24 años y hoy tengo 45. Hace un año y medio que venimos cobrando el sueldo a cuenta gotas y en cuotas, al último nos pagaban día a día”, se lamenta  Fausto “Chilo” Barbero, uno de los despedidos en Noetinger.

En tiempos en donde dejó de sembrase empatía y humanismo se encontraron con un gerente de recursos humanos que no tuvo mejor idea que enviar el telegrama cuando la distracción de la pelota rodando te hace bajar las defensas y cualquier desalmado te mete un gol. A veces no tener recursos justifica tomar decisiones dolorosas. Pero ser un reverendo bastardo no tiene nunca exculpación.

 


En el primer trimestre de 2026, las ventas de METALFOR cayeron casi a la mitad respecto al mismo período del año anterior: 56 unidades frente a 116. La producción se reflejó en esa proyección, pasaron de fabricar 86 máquinas a tan sólo 38 pulverizadoras.

“La crisis de la empresa es a modo general. Mes a mes comenzaron a cambiar las planificaciones y metodologías de trabajo, bajaban las cantidades de máquinas que tenían para hacer. Todo comenzó a principios de 2024”, relata Fausto en declaraciones radiales para responder a los justificadores en problemas de manejo empresarial  por  los cierres y despidos.

Lo mismo ocurre con la autopartista cordobesa CRUCIANELLI que bajó sus persianas y dejó a 20 trabajadores en la calle. Los votantes de Milei culpan a los herederos por el derrumbe empresarial y no a la situación económica. Para los libertarios, nunca es causalidad sino casualidad lo sucedido en estos 30 meses de gestión. Según datos de APYME (Asamblea pequeñas y medianas empresas) sólo en Córdoba, el devastador impacto social de las políticas para el sector desde que Milei se sentó en el Sillón de Rivadavia, determinaron el cierre de 2.000 empresas y una afectación directa de pérdida de puestos de trabajo que alcanzaría a 30.000 familias.


 

Como si viviera en un país diferente, el Presidente de la Unión Industrial de Córdoba (UIC) reedita el “estamos mal pero vamos bien” de los tiempos del menemismo. En declaraciones al programa radial POSTER CENTRAL de 102.9 La Gospel admitió que si bien “hay sectores de la industria, vinculados a producciones extractivistas como el petróleo o la minería, que están bien, pero en el sector del campo los márgenes son mínimos o negativos”. Si fuera el referente de los industriales de Neuquén, Catamarca o Salta uno podría comprender su ideologizada respuesta. Pero representa a la Industria de Córdoba que con campo en verde los números empiezan a aparecer en rojo.


“Es una transición absolutamente dolorosa, quizás el ajuste fiscal debe ser más suave para que haya consumo”,  asegura Macarioy le agrega el peeeeeeroooo. “Estamos convencidos de que es la manera de competir con el mundo, pero necesitamos condiciones adecuadas. En Argentina pasamos de un extremo a otro y no hay forma de adaptarse”. Hoy la adversidad es transición y las críticas mutan en entendimiento, cuando quienes gobiernan no son nacionales y populares sino acólitos del mercado sin Estado.


Puede que en el fútbol el “primero hay que saber sufrir” sea espinaca que fortalezca cuando el resultado del partido te deja seguir soñando. Pero en la vida real fuera del rectángulo del deporte más apasionante del mundo, tarde o temprano el “(no) pare de sufrir” de la economía, el trabajo y la salud encuentra su límite en el padecimiento del común de los mortales. Los empresarios, los políticos gobernantes y los opositores debieran saberlo. Antes de que terminen volviéndose a casa. Y no precisamente por perder un partido agónico en un mundial de fútbol.


Así son las cosas

 
 

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