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A dos velocidades

hace 6 horas
4 min de lectura

Por Marcos Jure


La historia de los Boehler empezó hace 45 años, con Julio, recién recibido de ingeniero agrónomo, recorriendo campos en San Luis, asesorando, administrando negocios agropecuarios. Con el tiempo se convirtieron en empresa. Y fueron creciendo, sumando hectáreas, incorporando tierras, entre propias y arrendadas, y terminaron transformándose, según un ranking publicado a nivel nacional, en una de las diez empresas de siembra más grandes del país. Hoy explotan 88 mil hectáreas.


San Luis no es Córdoba. La tierra es más árida, menos fértil. Para crecer, los Boehler desarrollaron la tecnología y un sistema de siembra directa que convirtió en agrícolas tierras que no lo eran. Ese fue el primer salto. Después se expandieron también en Córdoba. “Pero apostamos a seguir creciendo. No nos conformamos con el lugar al que hemos llegado”, dijo Julio en Punto de Quiebre, el ciclo de entrevistas empresariales de Neta Stream.



En la charla de casi una hora en la que Julio y Federico Boehler repasaron su trayectoria hay de todo: la historia de una familia, el proceso que va desde los orígenes a la consolidación de una gran empresa, los tropiezos que siempre amenazan a una compañía, más allá del tamaño que haya alcanzado, los intangibles que la definen, las ambiciones que la constituyen. Es una historia sobre el impulso privado. ¿Pero sólo se limita a ese ámbito? ¿O habilita también a pensar que algunos conceptos podrían trasladarse a lo público, a la estrategia de desarrollo de una ciudad o una región?


De la historia de los Boehler puede decirse que los caracteriza el impulso de ir siempre por más, de no estancarse, de explorar nuevos caminos y nuevas soluciones.

“Primero, hay que ponerse el objetivo siempre alto. Siempre los ideales tienen que superar a las metas a las cuales uno va llegando. Y así hemos hecho toda la vida: toda la vida hemos apostado a crecer y apostado a invertir en nuestra región, en nuestra zona”, dijo Julio.

Esa ambición es un elemento necesario, indispensable, pero insuficiente. Además, y lo remarcaron en la entrevista, también debe complementarse con la planificación, con una mirada a 10 o 15 años que contemple estrategias, desarrollos y objetivos. Y cuando la realidad se empeña en desbaratar esa construcción, la respuesta debe ser, invariablemente, comenzar de nuevo, volver a planificar y tomar rumbos que no reemplacen al anterior sino que lo complementen.


Ese proceso indispensable debe darse, además, en un país caracterizado por la imprevisión, por los volantazos y los cambios de rumbo. Por sus crisis. Que suelen servir de excusa para que el desarrollo se retrase, se dilate en el tiempo. Pero, a veces, tal vez no deban ser sólo un obstáculo. “Hay que aprovechar las crisis para dar un saltito hacia adelante. En las épocas de crisis es cuando más oportunidades hay de crecer”, declaró Julio.



Lo público y lo privado parecen ir, al menos en Río Cuarto, por andariveles paralelos. A velocidades diferentes. A la familia Boehler hay que sumar el crecimiento de una gran cantidad de empresas que también tuvieron en los últimos años un salto hacia adelante: invierten, exportan, avanzan en nuevos desarrollos. Ese crecimiento, por supuesto, significa también un impulso para la ciudad y la región en la que se desenvuelven. Pero no alcanza para convertirlo en desarrollo económico, un concepto que incorpora además al resto de la sociedad.

“Río Cuarto tiene un potencial enorme: sólo necesita empezar a dar certeza hacia dónde va”, dijo Julio Boehler en Punto de Quiebre.

Ahí hay una carencia. Otra más. A la ambición que le ha faltado a la conducción política de la ciudad hay que sumarle que no se vislumbra un proceso de planificación estratégica ni de construcción de un perfil que contenga objetivos claros. Un ejemplo puede encontrarse en el desarrollo inmobiliario. La ciudad está creciendo hacia el oeste. Pero no sólo está creciendo. Se está reconfigurando. Y lo hace porque el sector privado, un grupo de inversores, identificó la oportunidad de generar allí un nuevo polo lleno de potencial. ¿Qué papel está jugando el Estado municipal en esa reconfiguración? ¿Qué está haciendo para que otras zonas de la ciudad, por ejemplo el centro, no se depriman hasta el punto de ser casi una sombra de lo que fueron?  ¿Habrá dos, tres, cuatro ciudades? ¿Una en la que florezcan las inversiones y otras que vayan quedando rezagadas? ¿El Estado debe invertir en el oeste, donde se concentran hoy las inversiones privadas, o priorizar el equilibrio en otros sectores?



Tal vez haya que sondear la alternativa de encontrar una conexión entre dos enfoques: el público y el privado. Federico Boehler dijo en Punto de Quiebre que la tecnología está cambiando la forma en que se gestionan los negocios agropecuarios pero, además, que el país y la región han avanzado enormemente en ese aspecto. “Antes íbamos a Estados Unidos y había mucha diferencia. Hoy, si bien ellos siempre están más finos, la diferencia no es tanta”, dijo Federico. Si la tecnología ha reducido las brechas, si permite más eficiencia y mejores resultados en el ámbito privado, ¿por qué no puede hacerlo en lo público? ¿Por qué no puede beneficiarse el resto de la sociedad de la incorporación de una tecnología que permita contribuir al desarrollo de la ciudad en su conjunto?


Quizás en esa dinámica, en el encuentro de esos dos universos que hoy parecen divergentes, pueda estar la clave que le permita a Río Cuarto pensarse a sí misma con otra ambición, con otra visión, con una mirada que la mejore ahora, que la eleve, pero que también le vaya construyendo un camino hacia adelante.



 
 

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