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Acompañar el primer respiro: el emotivo relato de las obstetras que reciben nuevas vidas

En el Día de la Obstetricia, Leticia La Torre y Emilia Gallardo hablaron sobre la tarea de acompañar a las familias durante el embarazo y el nacimiento. Desde partos inesperados hasta barreras culturales y de idioma, aseguraron que cada experiencia es única y remarcaron la importancia de recuperar la presencia de las parteras en los equipos de salud.

Estar presentes en el primer respiro de un bebé, acompañar las primeras miradas de una madre con su hijo y ser testigos de un momento que puede transformar para siempre a una familia. En el Día de la Obstetricia, las licenciadas Leticia Latorre y Emilia Gallardo compartieron en A lo que vinimos algunas de las experiencias que atraviesan diariamente en una profesión en la que, aseguran, cada nacimiento es diferente.



“Hay momentos transformadores en la vida y uno de ellos es el embarazo”, señalaron durante la entrevista. Para las profesionales, una de las claves de su trabajo es comprender que no se trata de controlar el nacimiento, sino de acompañar los tiempos de la persona gestante y del bebé, interviniendo cuando realmente resulta necesario.

Ese acompañamiento puede darse además en las situaciones más inesperadas. Contaron que han asistido nacimientos en patios y vehículos, además de atender a mujeres que no hablaban español. En esos casos, explicaron, las palabras muchas veces pasan a segundo plano: “Hay un lenguaje que trasciende las palabras”, describieron al recordar experiencias con mujeres de distintas nacionalidades y culturas.



Las diferencias culturales también forman parte del trabajo cotidiano. Una de las obstetras recordó, por ejemplo, la experiencia de acompañar a una familia cuya tradición establecía que el bebé no recibiera un nombre inmediatamente después de nacer. Situaciones como esa, explicaron, las llevaron a comprender que aquello que puede resultar habitual para una persona no necesariamente lo es para otra.


Pero la tarea de una obstetra no comienza en la sala de parto. La formación actual también permite acompañar en planificación familiar, educación sexual y reproductiva y controles durante embarazos de bajo riesgo. El objetivo, remarcaron, es generar un vínculo desde las primeras etapas y trabajar de manera conjunta con ginecólogos, obstetras médicos, enfermería, psicología y trabajo social.


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Las profesionales también plantearon el desafío que atravesó Córdoba durante décadas por la disminución de parteras dentro del sistema sanitario. A partir de la conformación de una asociación civil lograron nuclearse, actualizar la legislación provincial y comenzar a recuperar espacios dentro de los equipos de salud en distintas localidades. “Una partera que exista en una comunidad es justamente para tener mejor accesibilidad a los servicios de salud”, resumieron.

Detrás de cada nacimiento, sostienen, queda una historia que difícilmente se olvida. Para las familias, pero también para quienes acompañan ese momento. Una profesión en la que la preparación académica resulta fundamental, aunque hay algo que ningún manual puede reemplazar: estar al lado de otra persona en uno de los momentos más importantes y vulnerables de su vida.

 
 

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