El sentir de la milonga: una pasión que se baila y se transmite
Una mirada puede convertirse en una invitación y tres tangos, en todo un encuentro. Laura González contó cómo se vive una milonga desde adentro y cuáles son los códigos que todavía permanecen vigentes.

En diálogo con Telediario Federal Laura González, profesora de Artes Visuales, bailarina de tango y organizadora de La Morocha, explicó que la milonga es mucho más que un baile. La palabra también denomina a estos encuentros en los que el tango se convierte en protagonista y donde conviven personas con diferentes edades, historias y niveles de experiencia.
La pista, además, tiene sus propias reglas. El cabeceo permite invitar a bailar sin necesidad de acercarse directamente a la otra persona. Si la invitación es correspondida, comienza el encuentro. Si no hay respuesta, simplemente se continúa. “La persona que saca tiene que entender que a lo mejor en ese momento no”, explicó González.
También existe otro código: habitualmente se bailan juntos los tres o cuatro tangos que integran una tanda, hasta que llega la denominada “cortina”. Sin embargo, González remarcó que nadie está obligado a continuar si no se siente cómodo: cada persona puede decidir “hasta dónde sí y hasta dónde no”.
La Morocha nació, precisamente, de la necesidad de generar un espacio propio para bailar tango en Río Cuarto. Antes, González y otros aficionados viajaban a Córdoba, San Luis, Carlos Paz o Buenos Aires. Con el tiempo, la propuesta local fue creciendo hasta convertirse en un punto de encuentro que recibe personas de distintas localidades y provincias.
“Podríamos decir que la milonga es de todos. Yo la organizo, pero es de todos”, resumió González sobre la comunidad que se fue formando. Allí pueden encontrarse jóvenes que recién comienzan, bailarines experimentados y personas que llegan simplemente por curiosidad y terminan descubriendo un universo nuevo.
La propuesta funciona en el auditorio de la Biblioteca Mariano Moreno y las milongas se realizan de manera periódica. La invitación no es solamente para quienes saben bailar: también pueden acercarse aquellos que quieran mirar, conocer y, quizás, animarse después a dar sus primeros pasos.
Porque aunque muchas veces el tango aparezca asociado a Buenos Aires y a otras generaciones, en Río Cuarto sigue encontrando nuevas formas de mantenerse vivo. Y para entrar a ese mundo, a veces, alcanza simplemente con cruzar una mirada.




