"Es como poner una curita en el alma": Se jubiló y recibió a 20 niños en su casa, la historia de Mabel
Después de jubilarse, decidió convertirse en familia de acogimiento para niños que atraviesan situaciones de vulnerabilidad. Desde entonces, recibió a 20 chicos en su hogar, les brindó amor y contención y aprendió una de las lecciones más difíciles: acompañarlos hasta que puedan encontrar una familia definitiva.

Hay personas que, cuando se jubilan, eligen descansar. Mabel Aresca decidió comenzar una nueva etapa dedicada a los demás. Después de trabajar durante años en ARCA, abrió las puertas de su casa para recibir a niños que, por distintas circunstancias, no podían permanecer con sus familias. Desde entonces, 20 chicos encontraron en su hogar un espacio de cuidado, afecto y contención.
En diálogo con Telediario, contó que su vocación comenzó mucho antes de jubilarse, cuando acompañaba a una vecina a repartir comida entre personas que dormían en la plaza San Martín. Allí conoció de cerca las dificultades que atravesaban muchas familias, especialmente los niños. Cuando dejó de trabajar, se inscribió en una convocatoria de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF) para convertirse en familia de acogimiento. Tres meses después recibió al primer niño, justo cuando comenzaba la pandemia.
Aquella primera experiencia duró casi un año y medio y le dejó un aprendizaje que marcaría todos los acogimientos posteriores: amar también significa saber dejar ir. Mabel explicó que su tarea no consiste en reemplazar a una familia, sino en acompañar a los chicos durante una etapa de sus vidas, hasta que puedan regresar con familiares o ser adoptados. "El adulto tiene que dejar de lado sus sentimientos", expresó, al recordar lo difícil que resulta despedirse de un niño al que cuidó durante tanto tiempo.
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Para explicar su misión, Mabel encontró una frase tan sencilla como conmovedora: "Es como poner una curita en el alma del niño". Muchos llegan después de atravesar situaciones de violencia, abusos o abandono, y su tarea es ayudarlos a recuperar la confianza. "Es difícil enseñar al niño que no todos los adultos somos malos, que hay adultos que los podemos cuidar, que les damos amor", reflexionó.
Pero los vínculos no terminan cuando los chicos dejan su casa. La mayoría regresa a visitarla junto a sus familias adoptivas. Para ellos, Mabel sigue siendo la abuela. Incluso algunas familias le piden que cuide a los pequeños cuando tienen compromisos. "Soy una abuela", contó en Telediario entre risas, emocionada por esos encuentros que mantienen viva una relación que comenzó en circunstancias difíciles.
Actualmente tiene tres niños bajo su cuidado: una pequeña de dos años que espera avanzar en su proceso de adopción y dos hermanitos de tres y cinco años que llegaron recientemente. Al finalizar la entrevista, Mabel dejó una invitación a quienes puedan sumarse al programa de familias de acogimiento. "Se hacen falta muchas más familias", sostuvo. Y resumió la recompensa de esta tarea: "Es tan gratificante ver cómo llegan quebradas esas almitas y cómo se van felices".




