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Esperó cinco años por una familia y recibió una sorpresa inolvidable: la historia de Bruno

hace 26 minutos
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En Jovita, una ceremonia cargada de emoción marcó la adopción definitiva de Bruno por parte de María Emilia. La sorpresa fue la presencia de Rosetta, la yegua que lo acompaña en sus sesiones de equinoterapia. El juez de Familia Claudio Mazuqui contó cómo se preparó este momento tan especial y dejó un mensaje sobre los niños que todavía esperan ser adoptados.

La plaza de Jovita, en el sur de Córdoba, fue escenario de una historia que conmovió a toda una comunidad.

Bruno, un niño de cinco años, recibió la noticia de que su adopción era definitiva y que María Emilia, la mujer que lo eligió para formar una familia, ya era oficialmente su mamá. 

Pero no fue una comunicación judicial convencional: hubo abrazos, emoción, vecinos que acompañaron y una invitada muy especial, Rosetta, la yegua con la que el pequeño realiza equinoterapia.



La ceremonia fue organizada por el Juzgado de Familia de Huinca Renancó, a cargo del juez Claudio Mazuqui, quien decidió transformar una audiencia de contacto directo en un encuentro pensado especialmente para Bruno. La presencia de Rosetta no fue casual: el animal ocupa un lugar importante en la vida del niño y constituye una forma particular de comunicación y conexión emocional.

"Bruno es un niño que quizás no habla tanto, pero expresa mucho", relató el magistrado durante una entrevista con Telediario. Visiblemente emocionado, explicó que la intención era regalarle al pequeño un momento diferente, rodeado de aquello que le genera alegría y tranquilidad.

Bruno nació en la provincia de Córdoba y pasó sus primeros años dentro del sistema de cuidado y adopción. Durante el último tiempo estuvo con una familia de guarda, hasta que apareció María Emilia, una mujer de Jovita que había decidido cumplir su deseo de formar una familia a través de la adopción.



Según contó Mazuqui, cuando María Emilia conoció a Bruno sintió una conexión inmediata. Desde diciembre están juntos y, tras el ingreso de la demanda judicial en mayo, el proceso pudo completarse en cinco meses, teniendo en cuenta también las necesidades médicas y de acompañamiento del niño.

María Emilia conformó una familia monoparental, acompañada por una amplia red de afectos que incluye abuelos, bisabuelos, tías y otros familiares. Ahora, con la sentencia definitiva, Bruno también lleva su apellido.


Más allá de la emoción de la ceremonia, el juez aprovechó la historia para visibilizar una realidad que atraviesan muchos niños, niñas y adolescentes que esperan ser adoptados.

"El ochenta por ciento de niños, adolescentes que tenemos en las listas son mayores a cinco años y no los eligen", advirtió Mazuqui, quien insistió en la necesidad de ampliar la cantidad de personas dispuestas a adoptar.

El magistrado explicó que este tipo de ceremonias, que también se han desarrollado en otras localidades del sur provincial, buscan cambiar la manera de comunicar las decisiones judiciales que transforman la vida de las familias.


La historia de Bruno y María Emilia comienza ahora una nueva etapa. Con una comunidad que los acompaña, una familia que los contiene y Rosetta como parte de su vida cotidiana, aquel encuentro en la plaza quedará como el día en que una sentencia judicial se convirtió en una celebración de amor.

 
 

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