ICBIA UNRC-CONICET: ciencia para prevenir riesgos y cuidar nuestro ambiente
Desde el instituto de doble dependencia entre la UNRC y el CONICET investigan cambio climático, biodiversidad, movimientos sísmicos, calidad del agua y sustentabilidad de los sistemas productivos. También buscan ampliar la red de monitoreo sísmico en el sur de Córdoba y generar herramientas que puedan convertirse en políticas públicas.

La ciencia que se produce en Río Cuarto tiene cada vez más conexión directa con los desafíos cotidianos del territorio. Desde el instituto de investigación que funciona bajo la órbita de la Universidad Nacional de Río Cuarto y el CONICET, especialistas trabajan sobre fenómenos climáticos extremos, biodiversidad, producción
agropecuaria, calidad del agua, riesgos geológicos y energías renovables.
En diálogo con Telediario Federal Lucio Pinotti, director del ICBIA, y José Priotto, vicedirector del instituto, repasaron las principales líneas de investigación que se desarrollan desde Río Cuarto en torno a la biodiversidad, el cambio climático, los recursos naturales, la energía y la producción sostenible.
Más sensores para conocer el riesgo sísmico
Uno de los proyectos que cobra particular relevancia para Córdoba apunta a profundizar el estudio de las estructuras geológicas que presentan actividad y avanzar en una ampliación de la red sísmica.
Los investigadores explicaron que buscan instalar nuevos equipos y sensores en articulación con centros especializados, particularmente de San Juan, para monitorear movimientos, integrar los datos a redes de procesamiento y contar con mayor información para la prevención.
El planteo tiene una dimensión estratégica: conocer mejor qué ocurre debajo del territorio permite evaluar riesgos antes de ejecutar grandes obras, planificar infraestructura y mejorar la capacidad de respuesta frente a determinados eventos naturales.
El campo y una biodiversidad que también puede producir
La investigación tiene además un fuerte vínculo con la matriz productiva del sur cordobés. En una región donde la agricultura y la ganadería representan una parte central de la economía, los científicos estudian el estado de los agroecosistemas y el papel que cumplen distintas especies en su conservación.
Desde microorganismos, hongos y bacterias hasta lombrices, insectos, aves y pequeños mamíferos pueden transformarse en aliados de la producción. Algunas especies colaboran con la regeneración de los suelos, la captura de carbono y hasta el control natural de semillas de malezas resistentes.
El desafío, explicaron, no pasa necesariamente por reemplazar de manera absoluta los insumos utilizados actualmente, sino por incorporar herramientas biológicas que permitan reducir su utilización, disminuir costos y sostener la productividad en el tiempo. “Hay que darle de comer al mundo, pero con todos los cuidados y con técnicas para conservar los recursos”, señalaron
Agua, reservas naturales y energía solar
Otra de las líneas de investigación está vinculada con el monitoreo de grandes cuerpos de agua destinados al consumo humano. A través de imágenes satelitales, modelos matemáticos y sensores se analiza el estado de lagos y cuencas, así como el impacto que pueden tener la urbanización, la agricultura y distintos contaminantes.
Los equipos también participan en tareas relacionadas con la Reserva Chocancharava, un espacio clave para la conservación del espinal en la región de Río Cuarto y Las Higueras. Allí se desarrollan proyectos de educación ambiental, ciencia ciudadana y conservación.
A esto se suman trabajos vinculados con energía solar, entre ellos el desarrollo y diseño de cocinas y hornos solares, dentro de una mirada más amplia sobre el aprovechamiento sostenible de los recursos renovables.
Ciencia local para problemas que ya están presentes
Los investigadores insistieron en que la discusión ambiental dejó de ser una cuestión secundaria. Los cambios en el clima, el deterioro de los suelos, la disponibilidad de agua y los fenómenos extremos tienen consecuencias sobre la producción, las ciudades y la calidad de vida.
Por eso, sostuvieron que el conocimiento generado desde las universidades y los organismos científicos necesita articularse con municipios, provincias y sectores productivos.
En un territorio atravesado por la producción agropecuaria y con desafíos crecientes vinculados al ambiente, la investigación científica puede convertirse en una herramienta concreta para decidir cómo producir, construir y desarrollarse en las próximas décadas.



