La historia de la maestra que convirtió su casa en un aula
Una docente de 34 años de trayectoria abrió las puertas de su casa a los niños de un pequeño pueblo santafesino. El video de una visita sorpresa se volvió viral y dejó al descubierto una historia de solidaridad, educación y amor por la comunidad.
Una bicicleteada para celebrar el aniversario de una escuela terminó convirtiéndose en una de esas historias que emocionan en las redes sociales. En Empalme San Carlos, provincia de Santa Fe, un grupo de chicos decidió incluir en su recorrido la casa de Claudia Chamudis, una profesora que los recibe todas las semanas para ayudarlos con sus tareas escolares.
Los niños llegaron en bicicleta, con globos y gritando «¡Seño!», mientras Claudia registraba la escena con su celular. Las imágenes comenzaron a circular por las redes y rápidamente despertaron una enorme repercusión.
En diálogo con Telediario, Claudia contó que lleva 34 años dedicada a la docencia y que actualmente trabaja como profesora de Lengua en el nivel terciario. Aunque no forma parte del plantel docente de la escuela del pueblo, desde hace aproximadamente tres años recibe en su casa a niños de distintas edades para brindarles apoyo escolar.
La iniciativa comenzó ayudando a un par de vecinitas. Con el tiempo, el boca a boca hizo que se sumaran más chicos y los martes y miércoles se transformaron en jornadas de estudio, juegos y encuentros. Su casa, que antiguamente funcionaba como la pulpería del pueblo, se convirtió en un espacio abierto para la comunidad.
Claudia aseguró que nunca imaginó semejante repercusión. Habitualmente comparte pequeños videos de su vida cotidiana, pero esta vez ocurrió algo diferente.
«Jamás pensé que eso iba a ser viral», reconoció. Para ella, la alegría de ver a tantos chicos entrando a su casa adquirió un significado especial en una semana atravesada por noticias dolorosas relacionadas con la docencia.
«La alegría que me dio ver a todos esos nenes entrando a casa me hizo resignificar lo que es la tarea docente y creo que a muchos les pasó lo mismo», reflexionó.

Durante la entrevista también defendió la importancia de las condiciones laborales de los educadores
«Siempre vamos a pelear por buenas condiciones de trabajo», sostuvo, al explicar que su actividad comunitaria es posible porque actualmente dispone de algunas tardes libres.
La historia tiene además una raíz familiar. Claudia recordó que sus padres, aunque no eran docentes, siempre mantenían abiertas las puertas de su hogar para los chicos del barrio. Esa enseñanza de compartir lo que se tiene es la que hoy intenta transmitir.
Lejos de considerar su experiencia como algo extraordinario, espera que sirva de inspiración para otras personas. Incluso contó que recibió mensajes de maestras jubiladas interesadas en generar espacios similares en bibliotecas populares, salones comunitarios o parroquias.
«Lo que quiero demostrar es que no es imposible. O sea, que se puede hacer», expresó.




