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"Necesitamos más ingenieros caminando los campos": fuerte advertencia sobre el futuro del agro

Desde la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario alertaron que muchos profesionales se vuelcan a la venta de insumos y son cada vez menos los que recorren los campos. La pérdida de fertilidad de los suelos, la incorporación de nuevas tecnologías y la crisis salarial universitaria profundizan el problema.


La producción agropecuaria argentina enfrenta una dificultad que podría agravarse durante los próximos años, la falta de ingenieros agrónomos dedicados al trabajo directo en los establecimientos rurales. La advertencia fue realizada por Pablo Palazzesi, decano de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario, en diálogo con Telediario.


El especialista aclaró que el problema no está solamente relacionado con la cantidad de graduados, sino con el destino laboral que eligen muchos profesionales. Una parte importante comienza su carrera en empresas dedicadas a la comercialización de semillas, fertilizantes y otros insumos, mientras disminuye la presencia de técnicos que recorren los lotes y acompañan diariamente a los productores.

“Necesitamos más ingenieros que caminen nuestros campos”, planteó Palazzesi. Según explicó, la producción demanda profesionales capaces de analizar cada establecimiento de manera particular, mejorar la fertilización, diseñar rotaciones y recuperar la calidad de los suelos, en lugar de aplicar una misma receta productiva en todos los casos.

La creciente incorporación de drones, imágenes satelitales, sistemas de monitoreo y maquinaria automatizada no reduciría la necesidad de profesionales. Por el contrario, el decano consideró que harán falta más ingenieros capacitados para interpretar la información y tomar decisiones productivas.


Desde la Universidad Nacional de Rosario modificaron en 2024 el plan de estudios para incorporar materias optativas vinculadas con imágenes satelitales, drones y nuevas tecnologías. También comenzó a analizarse la aplicación de inteligencia artificial, aunque todavía existe incertidumbre sobre cuál será su verdadero impacto en la profesión.


Para Palazzesi, la tecnología puede reemplazar tareas repetitivas, pero no el pensamiento crítico.

“La máquina no va a asumir eso”, afirmó al destacar que las herramientas digitales deben complementar el trabajo profesional y no desplazarlo.


El especialista también advirtió que la productividad de numerosas zonas agrícolas se encuentra estancada por la pérdida de fertilidad, la erosión, la falta de rotaciones y el predominio de esquemas de monocultivo.

“Cuando exportamos granos, exportamos agua, fósforo, nitrógeno y otros nutrientes del suelo”, explicó. Frente a esa situación, remarcó la necesidad de mejorar la fertilización, reducir el tránsito de maquinaria pesada, incorporar cultivos de cobertura y recuperar corredores biológicos y áreas forestadas.

Palazzesi cuestionó además el escaso cumplimiento de las leyes provinciales destinadas a preservar los suelos y garantizar porcentajes mínimos de forestación.

“Tenemos muchas normativas y muy pocas se cumplen en este país”, sostuvo.

En Santa Fe, el Gobierno provincial puso en marcha un Observatorio de Suelos y estableció beneficios en el impuesto inmobiliario rural para aquellos productores que realicen rotaciones estables. Sin embargo, el decano consideró que estas prácticas todavía deben extenderse a una mayor cantidad de establecimientos.



A la falta de profesionales en territorio se suma el deterioro salarial de las universidades públicas. Palazzesi aseguró que el incumplimiento de la ley de financiamiento universitario afecta principalmente a los recursos humanos y provoca que docentes e investigadores migren hacia empresas privadas.


Según detalló, un ayudante con dedicación exclusiva puede percibir entre 800.000 y 900.000 pesos, mientras una empresa privada ofrece salarios superiores a los dos millones. Esa diferencia dificulta la formación de nuevos profesionales y genera la pérdida de especialistas altamente capacitados.


Aunque la matrícula de Ingeniería Agronómica creció cerca de un 20% durante el último año, las facultades continúan registrando una fuerte deserción en primer año. El desafío será lograr que más estudiantes terminen la carrera y que encuentren condiciones para trabajar en las regiones productivas.


La advertencia expone una contradicción central: mientras la Argentina depende del campo para generar divisas, empleo y actividad en el interior, las universidades que forman a los profesionales necesarios atraviesan una crisis de recursos. Sin inversión en conocimiento, tecnología y extensión rural, el país corre el riesgo de exigir cada vez más a sus suelos, pero contar con menos especialistas para protegerlos.


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