“No pueden volar del nido”: la generación que quiere independizarse pero no llega con los números
- Telediario Digital

- 14 ago
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Con una canasta estimada en más de $1,3 millones para una persona sola, independizarse se convirtió en un desafío económico y emocional. Jóvenes y especialistas analizaron cómo cambió la transición hacia la vida adulta.

La posibilidad de independizarse dejó de ser una etapa casi automática de la vida adulta y se transformó en un desafío atravesado por múltiples factores. Con una canasta que supera el millón de pesos mensuales para una persona sola, muchos jóvenes aseguran que tienen el deseo de irse de la casa familiar, pero encuentran un límite concreto en la economía.
En diálogo con Telediario, la psicóloga Gabriela Cantore analizó este fenómeno y explicó que detrás de la dificultad para “dejar el nido” no solamente aparecen los números, sino también una transformación profunda en la forma de construir autonomía.
“Estamos abordándolo desde un lugar económico y es dificultoso, pero además este deseo de probar cómo es la vida solos implica toda una transformación simbólica, no solamente económica”, explicó Cantore.
La especialista remarcó que mudarse representa uno de los cambios más importantes que atraviesan las personas.
“Mudarse es uno de los factores más estresantes de nuestra vida, está en la escala de los duelos por fallecimiento, divorcios y otros grandes procesos de transformación”, señaló.

Según Cantore, vivir con la familia durante más tiempo no necesariamente significa falta de voluntad o comodidad. Explicó que muchos jóvenes tienen el deseo de independizarse, experimentar una nueva etapa y tomar sus propias decisiones, pero las condiciones económicas actuales funcionan como una barrera.
“Vos les preguntás qué quieren hacer y la mayoría a esa edad quiere vivir solo o con sus pares. El condicionamiento económico es clave”, sostuvo la psicóloga.
Además, destacó que la independencia implica aprender responsabilidades que muchas veces permanecen invisibles mientras se vive en el hogar familiar, desde organizar compras, administrar gastos, cocinar, sostener una casa y tomar decisiones cotidianas.
“El súper, la heladera, las cosas de la casa… cuando vivimos con nuestros padres parece que alguien se encarga de eso. Vivir solo implica asumirlo desde un lugar de autonomía que se tiene que construir”, explicó.
Esa realidad aparece reflejada en los testimonios de jóvenes que atraviesan distintos momentos de ese proceso. Lucía, quien recientemente logró mudarse, contó que la salida de la casa familiar fue un camino largo y que el acompañamiento de sus padres fue fundamental.
“Fue un proceso largo, muy duro. Si tuviera que hacerlo sola no lo podría haber hecho. Tuve mucho apoyo de mis papás”, relató.
Aunque logró dar ese paso, reconoció que el vínculo con la casa familiar continúa siendo una red de apoyo.

Para Santiago y Valentín, la independencia aparece como un objetivo, pero condicionado por la realidad económica. Ambos señalaron que no se trata de una falta de deseo, sino de las dificultades para combinar estudio, trabajo y los gastos de una vivienda propia.
“¿Quién no se quisiera ir a vivir solo? Pero hay un montón de dificultades económicas que tenemos que atravesar”, explicaron.
También plantearon que el acceso a un empleo estable es uno de los principales obstáculos para los jóvenes que buscan despegarse del hogar familiar.
Cantore también advirtió que esta situación no afecta solamente a los jóvenes. “Los adultos también a veces tienen que convivir o postergar separaciones porque no tienen dónde irse literalmente”, planteó, mostrando que el problema atraviesa distintas generaciones.
Así, el llamado “nido lleno” aparece como una consecuencia de una época donde los deseos de independencia siguen presentes, pero las posibilidades materiales para concretarlos se vuelven cada vez más complejas.
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