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Palestina o el laberinto de una soberanía impuesta


El argumento central de quienes sostienen que la Casa Blanca posee un poder determinante se basa en la absoluta dependencia militar, financiera y diplomática que Israel tiene respecto a Estados Unidos. Ningún gobierno en Tel Aviv puede ignorar de forma permanente un ultimátum de su principal proveedor de armamento y veto protector en el Consejo de Seguridad de la ONU.


Sin embargo, la soberanía no se decreta por correspondencia desde Washington. Para que exista un Estado palestino real, se necesitan fronteras definidas, control de la seguridad interna y soberanía sobre los recursos básicos. Si el gobierno israelí decide bloquear físicamente estas condiciones mediante la ocupación militar, la expansión de asentamientos en Cisjordania y el control estricto de las fronteras de Gaza, el "Estado" palestino propuesto por Trump quedaría reducido a un archipiélago de enclaves aislados y sin viabilidad real. La historia demuestra que los hechos consumados en el terreno pesan más que las declaraciones de intenciones firmadas en el Despacho Oval.


La doctrina Trump: El negocio de la paz transaccional

La diplomacia de Donald Trump nunca se ha guiado por el derecho internacional clásico, sino por el enfoque transaccional del art of the deal. Su estrategia no busca resolver el conflicto bajo los parámetros históricos de la ONU, sino mediante incentivos económicos masivos y la normalización de relaciones regionales, utilizando como palanca los Acuerdos de Abraham.



Un escenario factible bajo este enfoque implica que Washington condicione la ayuda militar futura a Israel o el respaldo frente a Irán a cambio de concesiones territoriales dolorosas. Para Trump, la creación de una entidad palestina desmilitarizada pero soberana podría ser el precio necesario para lograr el esquivo acuerdo de normalización entre Israel y Arabia Saudita. Si el peso del aislamiento internacional y la promesa de una alianza regional sin precedentes se alinean, los líderes israelíes se verían ante una disyuntiva histórica: aceptar el diseño de Trump o arriesgarse a una ruptura catastrófica con su mayor aliado.


Los obstáculos internos: Extremismo y fragmentación

El verdadero freno a esta iniciativa no se encuentra solo en los despachos de Washington, sino en la realidad política interna de ambas naciones en conflicto:


a) La coalición israelí: Ningún primer ministro de la derecha israelí podría aceptar un Estado palestino sin provocar el colapso inmediato de su coalición de gobierno. La presencia de ministros ultranacionalistas y el peso electoral de los colonos en Cisjordania hacen que cualquier cesión territorial sea vista como un suicidio político o una traición a la seguridad nacional;


b) La crisis de liderazgo palestino: Del otro lado, la profunda división entre la Autoridad Palestina en Cisjordania y las facciones militantes en Gaza presenta un interlocutor fragmentado. Un Estado palestino creado a la fuerza por un acuerdo entre Trump y los países árabes, sin el consenso de la sociedad civil y las fuerzas políticas palestinas, carecería de legitimidad interna y nacería propenso a la guerra civil.


El espejismo de la paz unilateral

En última instancia, Donald Trump tiene el poder de cambiar la narrativa, mover embajadas, recortar fondos y firmar proclamas históricas que reconozcan formalmente una autonomía palestina expandida. Puede asfixiar económicamente a las facciones díscolas y arrinconar políticamente al liderazgo israelí más recalcitrante.


Sin embargo, la geografía y las armas imponen su propia ley. Sin un acuerdo básico que garantice la seguridad de Israel y la dignidad territorial de los palestinos, cualquier mapa trazado unilateralmente en Washington será solo un espejismo de paz. La diplomacia del talonario y la presión geopolítica pueden forzar a Israel a sentarse a la mesa, pero no pueden gestionar el día a día de un territorio en conflicto si las dos partes implicadas se niegan a coexistir.

 

Pablo M. Wehbe – Profesor UNRC-UNVM-UCC

Columnista de Temas Internacionales en Canal 13

 
 

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