Quiénes están detrás de las amenazas a las universidades
Las amenazas de bomba que obligaron a evacuar universidades en distintos puntos del país encendieron una investigación para determinar quiénes están detrás de los mensajes y si existe un vínculo real con organizaciones extremistas o si se trata de una utilización de simbología para generar temor.
El último episodio ocurrió este viernes en la Universidad de Mendoza, donde un correo electrónico advertía sobre un supuesto ataque con armas y explosivos. El mensaje mencionaba a un grupo identificado como “984” y derivó en la evacuación preventiva de las sedes de Mendoza, San Rafael y Río Cuarto.
La División Explosivos realizó inspecciones en los edificios y, por disposición de la Fiscalía interviniente, se suspendieron las actividades presenciales durante la jornada.

En los mensajes intimidatorios apareció la referencia a “984”, una numeración que los investigadores vinculan con la red internacional 764, un espacio digital señalado por organismos de seguridad de distintos países por actividades relacionadas con violencia, amenazas y captación de personas vulnerables en internet.
El remitente de uno de los correos utilizó el seudónimo “Asmodeus 984” y afirmó pertenecer a una organización denominada Mentalyl 984, presentada en el propio mensaje como un grupo de ideología neonazi y satánica.
Sin embargo, hasta el momento, no existe evidencia pública de una estructura organizada de estos grupos con presencia territorial en Argentina. Una de las hipótesis que analizan los investigadores es que los autores hayan utilizado nombres y símbolos asociados a estas redes para aumentar el impacto psicológico de las amenazas.

Antecedentes: amenazas similares contra universidades
La Universidad Nacional de La Plata (UNLP) ya había recibido meses atrás correos con características similares, incluyendo referencias a ataques, imágenes intimidatorias y la misma simbología vinculada al número “984”.
En noviembre del año pasado, mensajes de características similares habían generado alertas dentro de esa institución. Además, en abril de este año, un usuario fue detenido en Canadá acusado de delitos vinculados al terrorismo por la administración de redes digitales relacionadas con este tipo de grupos.
Uno de los principales objetivos de las investigaciones abiertas es determinar quién envió los correos, desde qué dispositivos fueron emitidos y si existe algún vínculo concreto con organizaciones extremistas internacionales.
El uso de nombres, códigos o símbolos asociados a grupos violentos no implica necesariamente que quienes envían las amenazas formen parte de esas organizaciones.
Mientras avanzan las pericias informáticas, las universidades afectadas activaron sus protocolos de seguridad y las autoridades buscan establecer si se trata de una amenaza coordinada o de acciones individuales que replican una misma simbología.




