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Tras un verano marcado por la sequía, las últimas lluvias cambiaron el panorama de la campaña agrícola

Las precipitaciones registradas principalmente durante febrero mejoraron el estado general de los cultivos en varias zonas productivas. Sin embargo, llegaron tarde para los maíces de primera y la recuperación se concentra sobre todo en siembras tardías, soja, girasol y maní.

Las precipitaciones registradas durante febrero trajeron un alivio para el sector agropecuario y permitieron una mejora en el estado general de varios cultivos de la región. Sin embargo, los especialistas advierten que el impacto positivo no fue uniforme y que, en algunos casos, las lluvias llegaron demasiado tarde para modificar los rendimientos esperados.


En el caso de los maíces de primera, cuando comenzaron las lluvias a comienzos de febrero el rendimiento ya estaba prácticamente definido. Por ese motivo, el aporte hídrico no logró revertir el impacto que había dejado la falta de agua durante etapas clave del cultivo.



La situación es distinta para los maíces tardíos, la soja, el girasol y el maní, que aún no habían ingresado en su período crítico. Allí las precipitaciones permitieron una recuperación importante y hoy los cultivos presentan un desarrollo considerado bueno por técnicos y productores.


Durante recorridas realizadas en los últimos días por zonas como La Aguada, Rodeo Viejo y a lo largo de la ruta 23, se observaron mejoras visibles en los lotes. Incluso el girasol, un cultivo que comienza a ganar presencia en la región, mostró resultados aceptables y dejó un balance positivo para esta campaña.


En términos generales, los especialistas señalan que la campaña no será extraordinaria ni récord, pero sí podría cerrar con resultados aceptables si las condiciones climáticas se mantienen favorables durante el final del ciclo productivo. En el caso de los maíces tardíos, actualmente se encuentran en floración y entrando en la etapa de llenado de grano, por lo que nuevas lluvias podrían terminar de consolidar su rendimiento.


No obstante, el panorama cambia al analizar otras zonas. Hacia el sur de la región, el impacto de la sequía registrada en enero fue mucho más fuerte y el estado general de los cultivos comienza a deteriorarse. Allí la falta de agua dejó consecuencias más profundas y la recuperación resulta más limitada.


El balance final, por ahora, muestra una campaña con contrastes: alivio en algunos sectores gracias a las lluvias de febrero, pero también zonas donde la sequía dejó una huella difícil de revertir. El comportamiento del clima en las próximas semanas será clave para definir el resultado productivo.

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