Trump, el último apoyo de Netanyahu
- Telediario Digital

- hace 3 días
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El escenario geopolítico en Oriente Próximo atraviesa transformaciones irreversibles. Tras años de conflicto y un aislamiento internacional creciente, la figura de Benjamín Netanyahu al frente del gobierno de Israel parece sostenerse sobre un andamiaje cada vez más frágil.
En este tablero de alianzas crujientes, el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca se presenta de manera ambivalente: para el liderazgo del Likud, aparece como la última frontera de validación global; para los analistas estratégicos, constituye una apuesta de altísimo riesgo que podría acelerar el ocaso de una era política.

El desgaste de un paradigma incondicional
Históricamente, el respaldo de los Estados Unidos a Israel ha gozado de un consenso bipartidista casi inquebrantable en Washington. Sin embargo, la crudeza de la ofensiva militar en Gaza y las ramificaciones del conflicto regional han fracturado esa hegemonía simbólica.
Las administraciones demócratas han debido hacer malabares entre el apoyo estratégico y las presiones de un electorado joven y progresista profundamente crítico de las violaciones a los derechos humanos y la parálisis de la solución de dos Estados.
Netanyahu ha explotado esta brecha, apostando sistemáticamente al desgaste del progresismo norteamericano y alineando el destino de su país con el ala más dura del Partido Republicano. Es en este punto donde la figura de Trump emerge no como un aliado institucional, sino como un salvavidas político personal.
Durante su primer mandato, el magnate neoyorquino otorgó a la derecha israelí concesiones históricas y disruptivas: a) El traslado de la embajada estadounidense a Jerusalén; b) El reconocimiento de la soberanía sobre los Altos del Golán; c) El impulso de los Acuerdos de Abraham, que buscaron normalizar relaciones con monarquías árabes ignorando la cuestión palestina.
Para Netanyahu, el regreso de este enfoque transaccional de la diplomacia representa la posibilidad de sacudirse el escrutinio de los organismos internacionales y las condenas de las Naciones Unidas. Trump encarna la promesa de una impunidad retórica y financiera que el actual mandatario israelí necesita con urgencia para asegurar su supervivencia en el poder y eludir sus propios frentes judiciales internos.

La ilusión de la sintonía total
El error de cálculo de la coalición gobernante en Jerusalén radica en confundir la retórica nacionalista de Trump con un compromiso doctrinario e incondicional. El aislacionismo inherente al lema "America First" opera bajo una lógica estrictamente pragmática y de costo-beneficio. Trump no es un ideólogo del sionismo revisionista; es un negociador que aborrece los conflictos prolongados que no le reporten un rédito político o económico directo e inmediato.
Las dinámicas de poder revelan fisuras evidentes en esta supuesta alianza inquebrantable. La aversión a la debilidad: Trump ha manifestado en reiteradas ocasiones su desdén por los líderes que se muestran vulnerables. Las fallas de seguridad del 7 de octubre de 2023 quebraron el mito de la invencibilidad de Netanyahu, una mancha que a los ojos del expresidente estadounidense resulta difícil de borrar.
El pragmatismo regional: El gran objetivo de la diplomacia norteamericana bajo el ala republicana sigue siendo la contención de Irán mediante una arquitectura de seguridad regional. Si la presencia de Netanyahu y la influencia de sus socios de extrema derecha (como Itamar Ben-Gvir o Bezalel Smotrich) se convierten en un obstáculo para consolidar acuerdos con actores clave como Arabia Saudita, Trump no dudará en forzar un recambio de piezas en Tel Aviv.
El hartazgo del electorado: El votante medio de Trump apoya a Israel por razones que van desde el fundamentalismo evangélico hasta el rechazo al islamismo, pero se opone frontalmente al financiamiento eterno de guerras extranjeras. El mandatario estadounidense buscará victorias rápidas y mediáticas, no el sostenimiento crónico de una ocupación militar costosa y desestabilizadora.
El último refugio ante el aislamiento
A nivel global, las opciones de Netanyahu se han reducido drásticamente. Las principales capitales europeas endurecen sus discursos, los tribunales de La Haya emiten órdenes y resoluciones que cercan al liderazgo militar israelí, y el Sur Global consolida un bloque de rechazo absoluto a la política de hechos consumados en los territorios ocupados. En este contexto de asfixia diplomática, los Estados Unidos bajo una conducción republicana extrema quedan posicionados como el único escudo de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Esta dependencia absoluta transforma el apoyo de Trump en un arma de doble filo. Convierte a Israel en una causa estrictamente partidista dentro de la política interna norteamericana, perdiendo el histórico blindaje institucional que lo protegía sin importar quién habitara la Casa Blanca. Si el destino de la seguridad israelí queda atado exclusivamente a los vaivenes del trumpismo, el país se expone a una volatilidad estratégica sin precedentes.
El fin de la excepcionalidad
Trump puede ser, efectivamente, el último gran apoyo político de Benjamín Netanyahu, pero es un sostén prestado y con fecha de vencimiento. La historia demuestra que las alianzas basadas en la conveniencia personal de líderes personalistas se desvanecen tan pronto como cambian las prioridades del poder.
Al ligar el futuro de Israel a la fortuna de un populismo norteamericano transaccional, Netanyahu no ha conseguido un aliado eterno, sino un acreedor impredecible. La editorial del tiempo presente indica que, lejos de ser la salvación del cuestionado primer ministro, el trumpismo podría terminar siendo el catalizador que exponga la insostenibilidad de su proyecto político a largo plazo, dejando a Israel más aislado que nunca en el concierto de las naciones.
Pablo M. Wehbe – Profesor UNRC-UNVM-UCC
Columnista de Temas Internacionales en Canal 13



