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UN PRESENTE QUE ENFERMA

hace 1 hora
5 min de lectura

La salud pública desbordada.


Por Guillermo Geremía.


“Acá estamos, pos operatorio, quiero agradecerles por todo lo que hicieron después de una año de sufrimiento para poder operarme y a la legisladora Viviana Pomiglio, que  también se comunicó y dijo que iba a hacer todo los posible para que llegará a la operación. El 6 de octubre me operaron en el Hospital de Villa María, porque acá siguen todavía con la máquina rota”.


Gustavo Centeno está en reposo domiciliario luego de la intervención quirúrgica que le realizaron tras padecer de cálculos renales desde agosto de 2025. Su vida laboral se vio afectada por los dolores constantes y  que cada vez mayores. Es pintor de viviendas y no tiene obra social. Por la operación que requería,  en la salud privada le presupuestaron un costo entre 7 y 10 millones de pesos por lo cual debió recurrir a la salud pública para intentar poner fin a su padecimiento. Gustavo es una de las miles de historias que a diario desbordan las posibilidades de atención de la salud pública tanto local como provincial.


El colapso de la atención médica para millones de argentinos se ha acelerado en el último año. El recorte del gobierno de Milei en todos los programas de asistencia,  la imposibilidad  de seguir manteniendo las prepagas por sus altos costos, el corte de prestación médicas ante la pérdida del trabajo y la caída de las atenciones por obras sociales que sufren recortes de clínicas y sanatorios por atrasos en los pagos hacen del presente una realidad que en lugar de curar, enferma.


El caso de Gustavo parece una carrera de obstáculos para establecer un record de tolerancia a los umbrales del dolor que puede soportar un ser humano. Habían programado su operación en el Nuevo Hospital de Río Cuarto pero días antes de realizarla le avisaron que la máquina que se utiliza para remover cálculos estaba rota y que su intervención quirúrgica iba a ser realizada en el Hospital Provincial de Villa María. Con fecha establecida le comunicaron de la nueva suspensión por falta de anestesistas.


“El médico de Río Cuarto me dijo que ya arreglo la máquinas dos veces por su cuenta pero que no puede hacerlo más”, aseguró Gustavo al visibilizar públicamente su padecimiento. El vecino aseguró que también habló con la Dirección del Hospital de Río Cuarto y que le manifestaron “que ellos no pueden hacer nada porque el presupuesto no alcanza”. En cada trámite frustrado rescata la buena atención recibida y el buen trato tanto de los empleados como de los médicos provinciales, “pero no tienen insumos. Esta máquina tiene que ser arreglada por la Provincia pero no quieren hacerse cargo”.


Las últimas referencias dadas por las autoridades del Ministerio de Salud de la Provincia de Córdoba aseguraban que la atención en los hospitales públicos había crecido entre un 40 y un 50 por ciento desde que Javier Milei es Presidente de la Nación. Esa estadística no está actualizada. El gobierno de Córdoba ha optado por no hacer referencia a los problemas que tiene para contener tanta demanda.



En ese desborde de requerimientos no todos reaccionan de igual manera frente a los reproches de los pacientes. “No sólo no fui tratada, sino que fui maltratada” asegura la riocuartense Paola Cejas. La vecina de 48 años relató que asistió al Nuevo Hospital San Antonio de Padua y que el traumatólogo le realizó una serie de prácticas terapéuticas que agravaron su cuadro clínico.


“En noviembre del año pasado empecé con un nuevo dolor de cadera. Hace 13 años me hicieron un reemplazo por una prótesis pero ahora todo empezó de nuevo”. Asegura que su dolencia nunca fue considerada por los médicos especialistas que subestimaron el padecimiento. “En febrero de este año fui al traumatólogo del Hospital y me atendió como una excepción por que en la Guardia decían que yo no tenía nada, me estigmatizaban por mi problema de salud mental. Ellos no querían acceder a hacerme un control”.


Debido a los dolores permanentes, Paola cada vez puede caminar menos. El problema agravado derivó en un cuadro de incontinencia. Tras subestimar su diagnóstico y luego de su repetida insistencia el traumatólogo confirmó el cuadro crítico. “Tras ver la tomografía que me realizaron confirmó que tengo movida la cadera por una fractura de pelvis. Me dijo que la cirugía era compleja y que era imposible operarme en Río Cuarto por la disponibilidad de turnos. Me sugirió que me operara en el Hospital San Roque de Córdoba. En abril me revisaron pero estamos en octubre y a casi un año de comenzar con el problema aún no tengo turno para la operación”.


En las redes sociales pueden encontrarse tantos casos de enojo como de satisfacción por la atención que ofrece el Nuevo Hospital en particular y la salud pública en general. La descripción de “desborde” que atraviesa el sector financiado con las cada vez más estresados recursos de los Estados locales y provincial ante el retiro del financiamiento de la ayuda del gobierno libertario sumó esta semana otro “golpe de gracia” al extinguir el programa REMEDIAR que garantizaba acceso a los medicamentos básicos.


Entre los fármacos que no se suministrarán más de manera gratuita están aquellos que permitían mantener bajo control las patologías de salud mental. “Hay un crecimiento de la demanda en los dispositivos públicos. Hay un aumento en los suicidios consumados y en los intentos de suicidios en los últimos años de más de un 30 por ciento. Es muestra que una de las dificultades más serias expresadas tiene que ver con lo socioeconómico”, asegura el psicólogo Marcos Faletti, jefe de la Delegación sur de Córdoba, que agrupa a los profesionales matriculados del sector.


Que “el árbol” de las decisiones extremas de interrumpir la propia vida no tape “el bosque” de los múltiples problemas que atraviesa el sistema de salud. Las guardias de emergencias están colapsadas de cuadros de violencia urbana con heridos de armas de fuego y armas blancas que dan cuenta de una “implosión social” que alarma a las comunidades pero que todavía no parece alertar a las clases gobernantes.


Militares sin atención de su propia obra social colapsada por el desmanejo que deben acudir dispensarios y hospitales públicos para tratarse desde la más mínima dolencia hasta la más compleja emergencia. Y ahora las farmacias les cortaron los descuentos en medicamentos. El PAMI con sus médicos de cabeceras que endurecen semana a semana sus medidas de protestas y hasta las prepagas del sector ABC1 que buscan excusas para no hacer la cobertura completa de sus costosas prestaciones. Largas filas ante cualquier prestación oftalmológica y/o odontológicas, discontinuidad en los programas de vacunación obligatorias, liberación de los precios de los medicamentos a merced del negocio farmacológico, el mercado de las drogas lícitas imponiendo las reglas en las coberturas de salud, más de un centenar de muertes por fentanilo contaminado y un Ministerio de la Salud de la Nación desaparecido y sin acción.


Ya no son síntomas de una oculta patología latente sino una clara manifestación de una dolencia grave. Lo dicho: una realidad sanitaria que “enferma” cuando no mata.


Así son las cosas.

 
 

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