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Violencia juvenil: “Cada vez que el Estado se corre, ese lugar lo ocupa el narcotráfico”

hace 55 minutos
3 min de lectura

Tras el asesinato de Lautaro Figueroa, el joven atacado a tiros en Playa Bonita, la licenciada en Psicología Yanina Moreno Zamanillo analizó en Telediario la escalada de violencia entre jóvenes. Habló de vínculos familiares debilitados, falta de prevención, consumo problemático, desigualdad y avance del narcotráfico.

El asesinato de Lautaro Figueroa, ocurrido tras un violento episodio en la Costanera Sur de Río Cuarto, volvió a poner en discusión un problema que excede la investigación penal, que son los factores que están detrás de los niveles de violencia extrema que involucran a jóvenes y adolescentes hoy en día. La licenciada en Psicología Yanina Moreno Zamanillo dialogó con Telediario y planteó que el fenómeno no puede explicarse desde una única causa.



Figueroa tenía 22 años y murió durante la madrugada del lunes 21 de septiembre luego de haber sido atacado a tiros. El ataque, además, quedó registrado en videos tomados por personas que se encontraban en el lugar, una circunstancia que también formó parte del análisis durante la entrevista.

“No lo podemos remitir a una sola cuestión. La violencia tiene que ver con muchos factores y, sobre todo, con la fragilidad que hay hoy en el sistema social”, explicó Moreno Zamanillo.

La profesional aclaró que analizar esas condiciones no implica justificar un delito. “No se puede romantizar una cuestión de estas. Hay una familia con un dolor terrible y hay otras familias que tienen sus hijos o parientes detenidos”, señaló.


Uno de los aspectos que más impacto provocó alrededor del crimen fue la presencia de numerosos jóvenes en el lugar y la circulación de videos del ataque. Moreno Zamanillo puso el foco en esa naturalización de la violencia y en el hecho de que varias personas permanecieran filmando pese al peligro.

“Muchos jóvenes están naturalizando la situación, filmando desde distintos puntos de vista y no corriéndose, no tomando dimensión del riesgo para otras vidas”, sostuvo. Y agregó, “Ahí la vida pierde el valor esencial. Si mi vida no vale y la tuya tampoco, es muy difícil que podamos trabajar con cosas livianas”.


"Hay una crisis de valores". Para la psicóloga, el escenario debe analizarse desde la ruptura de distintos espacios de contención. Señaló como primer ámbito a la familia, el trabajo en la primera infancia, pero también marcó responsabilidades institucionales y estatales. “Hoy hay mamás que directamente quieren internar a sus hijos porque no saben cómo poner límites”, afirmó. A la vez, advirtió sobre la insuficiencia de dispositivos de prevención y acompañamiento.

Cada vez que el Estado se corre o no puede tener un centro de prevención, un centro comunitario, deportivo o artístico, lo ocupa una casa de venta de drogas, un narcotraficante”, expresó. Según planteó, esos espacios terminan captando a jóvenes que encuentran pocas alternativas de inserción, educación o trabajo.

También aparece el peso del narcotráfico en sectores donde las oportunidades aparecen cada vez más restringidas. Moreno Zamanillo sostuvo que algunos jóvenes observan que el circuito ilegal ofrece una recompensa económica mucho más rápida que un empleo formal y terminan incorporándose a dinámicas delictivas. El joven ve esa oportunidad con otra velocidad, explicó. Según señaló, en determinados casos los jóvenes son enviados a robar motos, armas u otros elementos a cambio de dinero.

“Es un circuito rápido que genera el narco con ellos”, indicó, aunque aclaró que esto no implica quitar responsabilidad individual a quienes cometen delitos.

La profesional también remarcó que el consumo problemático atraviesa distintos sectores sociales, pero no todos cuentan con las mismas herramientas para enfrentarlo. Mientras algunas familias pueden acceder a tratamientos psicológicos o especializados, otras quedan prácticamente sin alternativas. “Cuando la sociedad se vacía de oportunidades para ofrecer, es muy difícil que puedan tomar otras cosas”, sostuvo.


Moreno Zamanillo vinculó además la violencia con la dificultad que tienen algunos jóvenes para tramitar conflictos mediante la palabra.

Estos jóvenes, lamentablemente, no pueden poner en palabra lo que les pasa y resolver mediante la palabra, y terminan pasando al acto. Y el acto se cobra con la vida del otro”, afirmó.

En ese contexto, planteó que existe una ruptura del lazo social e institucional que lleva a que cada vez más conflictos terminen resolviéndose mediante violencia. También advirtió que una Justicia percibida como lenta o incapaz de responder puede alimentar nuevas reacciones violentas y generar una cadena difícil de detener.


Finalmente, la psicóloga reclamó políticas públicas sostenidas más allá de los gobiernos de turno, con abordajes que incluyan familia, educación, espacios comunitarios, prevención de consumos, salud mental y oportunidades laborales. “Si no existe un consenso de personas comprometidas en serio a hacer un plan de trabajo y diseñar políticas públicas pensadas a largo plazo, nos vamos a afectar todos, porque este problema es de todos”, concluyó.


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