A los 82 años, Rubén se recibió de médico veterinario en la UNRC
- Telediario Digital

- 12 jun
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Después de décadas de esfuerzo, viajes, exámenes libres y desafíos personales, Rubén Buttafuoco logró obtener su título de médico veterinario en la Universidad Nacional de Río Cuarto. Su historia es un ejemplo de perseverancia y demuestra que nunca es tarde para alcanzar una meta.
A los 82 años, Rubén Juan Buttafuoco alcanzó un objetivo que lo acompañó durante gran parte de su vida: convertirse en médico veterinario. El flamante graduado de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC) recibió su título tras aprobar el trabajo final de grado y se transformó en uno de los egresados de mayor edad de la historia de la Facultad de Agronomía y Veterinaria.

Su recorrido académico comenzó hace muchos años en la Universidad de Buenos Aires. Sin embargo, distintas circunstancias familiares y laborales lo llevaron a trasladarse a Río Cuarto mientras trabajaba en el SENASA. Allí continuó una carrera que parecía interminable, pero que nunca estuvo dispuesto a abandonar.
“Me lo tomé como un desafío personal”, contó Buttafuoco. Al llegar a la UNRC le reconocieron 29 materias, aunque todavía debía aprobar otras 15, todas bajo la modalidad de examen libre.
“Un examen libre es un filtro. Algunas veces me iba bien y otras mal, pero siempre decía que quería saber qué se siente terminar”, recordó.
La última materia la rindió el 19 de diciembre de 2024. Después llegó el desafío final: elaborar y aprobar el trabajo de graduación. El proceso demandó tiempo y esfuerzo, pero jamás pensó en abandonar. “Algo me enseñaron en algún lugar: no hay que rendirse nunca”, afirmó.
Radicado desde hace años en Villa Huidobro y con tres hijos viviendo entre Argentina y Chile, Rubén sostuvo su objetivo incluso cuando las distancias y las obligaciones parecían jugarle en contra.
“No quería sentirme frustrado. Era cuestión de terminar. Yo lo comparo con una carrera: uno se sube al auto y se baja cuando llega a la meta”, expresó.
Más allá de lo académico, destacó el acompañamiento que encontró dentro de la universidad. Agradeció especialmente a docentes, personal administrativo y estudiantes que lo ayudaron a adaptarse a los cambios tecnológicos y a los nuevos métodos de estudio.
“Cuando llegué era un analfabeto de la computadora. Los chicos me enseñaron y siempre me trataron con mucho respeto”, contó.
La convivencia con compañeros mucho más jóvenes terminó siendo una de las experiencias más enriquecedoras de su paso por la universidad.
“Ellos ponen la práctica y uno pone la experiencia. Rodearse de gente joven siempre hace falta porque le aportan a uno lo que le falta”, reflexionó.
Lejos de buscar reconocimiento, Buttafuoco asegura que vive este logro con naturalidad. Sin embargo, su historia ya se convirtió en un ejemplo para toda la comunidad educativa.
Una demostración de que los sueños pueden demorarse, pero no tienen fecha de vencimiento.


