Cayó desde 2.000 metros, sobrevivió y hoy cuenta la historia que cambió su vida
Fernando Ponte tenía 22 años cuando sufrió un accidente durante un salto de paracaidismo desde el Aeroclub Río Cuarto. Cayó a gran velocidad luego de una falla en el equipo, sobrevivió y atravesó una recuperación que incluyó meses de internación y años de rehabilitación.

El 30 de octubre de 2002, la vida de Fernando Ponte cambió para siempre. Tenía apenas 22 años y realizaba uno de sus tantos saltos en paracaídas cuando, a pocos metros del suelo, una falla en el equipo transformó una experiencia deportiva en una situación límite.
Según recordó en diálogo con Telediario, el problema apareció cuando se rompió uno de los comandos del paracaídas. La falla provocó que el equipo se envolviera sobre él y le impidiera activar el sistema de emergencia.
“Se me rompió el comando izquierdo, me atrapó las dos manos y no me dejó sacar el paracaídas de emergencia”, relató Fernando al reconstruir aquel momento.
El impacto fue a una velocidad extrema. El propio instructor le explicó que cayó durante 13 segundos en caída libre y llegó al suelo aproximadamente a 250 kilómetros por hora. Las consecuencias fueron gravísimas: sufrió una fractura expuesta en una de sus piernas, un fuerte traumatismo en la cabeza y permaneció más de un mes internado, con 33 días en coma.
“Llegué a pesar 38 kilos. Había quedado muy grave”, contó Fernando.
Pero la historia no terminó allí. Después del accidente comenzó una etapa completamente nueva: tuvo que volver a aprender acciones básicas como caminar, hablar, leer y reconocer a las personas que formaban parte de su vida.
Daniela, su hermana, recordó el impacto que tuvo para toda la familia. “Era una persona totalmente normal, trabajaba, viajaba, salía y en un minuto la vida cambió totalmente”, expresó.
Durante años, Fernando realizó tratamientos de rehabilitación con kinesiólogos, psicólogos y acompañamiento permanente de su familia. Uno de los momentos más difíciles fue recuperar la memoria: durante aproximadamente tres años no logró reconocer a sus padres.
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“Una Navidad mi papá lo levantó en brazos y él gritaba que no lo dejáramos ir con esa gente que no conocía. Era su papá y su mamá”, recordó Daniela.
Hoy, casi 24 años después, Fernando trabaja en la Municipalidad de Río Cuarto, mantiene su rutina de rehabilitación y asegura que disfruta cada oportunidad que tiene. Para él, la recuperación fue posible gracias a los médicos, sus amigos y especialmente su familia.
“Los médicos hicieron todo lo posible, pero el único que me salvó la vida fue Dios”, afirmó.
Su historia sigue siendo una de esas que sorprenden: un accidente que parecía no tener salida y una segunda oportunidad que convirtió una tragedia en un relato de lucha, memoria y perseverancia.




