Un futuro sin niños “cerramos guarderias y abrimos geríatricos”
- Telediario Digital

- hace 1 hora
- 4 min de lectura
La caída de los nacimientos ronda el 40% en Argentina y en Río Cuarto se acerca al 50%. El médico gerontólogo Carlos Presman advirtió en diálogo con Telediario sobre un fenómeno que va mucho más allá de la decisión de tener hijos, anticipa cambios en el sistema previsional, el mercado laboral, los cuidados y hasta la organización de las ciudades.

Argentina atraviesa una profunda transformación demográfica. Nacen cada vez menos niños y al mismo tiempo aumenta la longevidad. El fenómeno se replica en Córdoba y adquiere particular relevancia en el departamento Río Cuarto, donde la caída de la natalidad se acerca al 50%.
En diálogo con Telediario, el médico gerontólogo Carlos Presman describió la magnitud del cambio a partir de una situación que encontró en su propio consultorio. Su última paciente del día tenía 90 años, había tenido seis hijos y provenía de una familia de diez hermanos. Sin embargo, entre sus seis hijos solamente llegaron tres nietos.
“Me parecía que era un buen ejemplo de lo que pasa en Córdoba y lo que pasa en el mundo. Esto se llama transformación demográfica, cada vez hay menos nacimientos y también menos mortalidad”, explicó.
¿POR QUÉ NACEN MENOS NIÑOS?
Para Presman, no existe una única explicación. La incertidumbre laboral, las dificultades económicas, los cambios culturales, las nuevas tecnologías, la crisis ambiental y las modificaciones en las formas de relacionarse forman parte de un fenómeno mucho más amplio.
“Es muy difícil que hoy los jóvenes tengan hijos, con lo cual nos estamos quedando sin nietos los que andamos por los 60 o 70 años”, planteó.
El especialista mencionó incluso una expresión utilizada para describir a parte de las nuevas generaciones que deciden no tener descendencia: “desertores del futuro”.
Según explicó, existe una generación con formas de vida diferentes, atravesada por trabajos virtuales, nuevas tecnologías, dificultades para proyectarse económicamente y una mayor valoración de los proyectos personales.
“Muchos de estos jóvenes se vuelven sobre sí mismos y no tienen la voluntad de tener hijos”, señaló.

A esto se suma otro cambio significativo, que es la postergación de la maternidad. Los embarazos deseados ocurren cada vez con mayor frecuencia después de los 30 o 35 años, mientras avanzan alternativas como la congelación de óvulos y los tratamientos de fertilidad.
Presman destacó además el cambio del lugar de las mujeres en la sociedad, con mayor desarrollo profesional, laboral y personal, así como nuevas configuraciones familiares y maternidades sin pareja.
MENOS JARDINES, MÁS RESIDENCIAS PARA ADULTOS MAYORES
La discusión no termina en cuántos niños nacen. Una sociedad con menos jóvenes y más adultos mayores obliga a modificar estructuras económicas y sociales construidas durante décadas. “Esto afecta los sistemas previsionales, laborales, culturales, de convivencia y urbanos”, advirtió Presman.
Y graficó el fenómeno con una imagen contundente,
“Hoy se están cerrando guarderías y jardines de infantes y abrimos residencias para adultos mayores”.

El interrogante central pasa por quién sostendrá en las próximas décadas los sistemas previsionales y de cuidados si disminuye proporcionalmente la población económicamente activa mientras crece la cantidad de personas que llegan a edades avanzadas.
Según explicó el especialista, ese debate ya está instalado en Europa, donde el envejecimiento poblacional llevó a discutir la extensión de las edades laborales hacia los 65 o incluso 70 años.
Otro efecto de esta transformación aparece entre quienes hoy tienen alrededor de 50 o 60 años. Es la denominada “generación sándwich”, son personas que deben cuidar a padres cada vez más longevos y, al mismo tiempo, continúan sosteniendo económicamente a hijos adultos.
“Cada vez nuestros padres viven más: 80, 85, 90 años. Muchos son frágiles y necesitan cuidados. Pero, a su vez, la definición de adolescencia termina con la independencia económica”, explicó.

La dificultad de los jóvenes para conseguir empleos estables, independizarse o acceder a una vivienda extiende esa dependencia hasta los 30, 35 e incluso 40 años.
Presman vinculó además este escenario con el debilitamiento de estructuras públicas destinadas a acompañar a las familias. Según su mirada, el retroceso del Estado en áreas previsionales, sanitarias y de cuidado incrementa la presión económica sobre los hogares.
“Hay una situación socioeconómica muy dramática”, sostuvo, y planteó que las tareas de cuidado de adultos mayores y jóvenes dependientes se volvieron cada vez más difíciles para quienes, simultáneamente, deben continuar trabajando.
La gran pregunta es si la caída de la natalidad representa una situación coyuntural o un cambio destinado a permanecer.
Para Presman, los estudios demográficos internacionales apuntan hacia la segunda alternativa. No sería un fenómeno exclusivamente argentino ni cordobés, sino una tendencia que comenzó décadas atrás en sociedades desarrolladas y que ahora obliga a revisar estructuras económicas, laborales y previsionales.
“Esto parece ser un fenómeno que se instaló en el mundo”, señaló.
Una Argentina con menos niños y mayor expectativa de vida deberá discutir cómo financiar su sistema previsional, cómo organizar los cuidados, cuánto tiempo permanecerán las personas en el mercado laboral y qué infraestructura necesitarán las ciudades.
“Esto va a obligar a que repensemos qué sociedad construimos y, sobre todo, qué futuro construimos”, concluyó Presman.
Mirá la nota completa:



