De emprender por necesidad a transformar su barrio: la historia de Silvia Guzmán
- Telediario Digital

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Silvia Guzmán encontró en la cocina una forma de sostener a su familia durante uno de los momentos más difíciles de su vida. Años después, aquella experiencia se convirtió en un camino marcado por el emprendedurismo, la solidaridad y el trabajo comunitario. Hoy preside la Vecinal Peirano y coordina la feria Teneme en Cuenta.
Emprendedora, abuela, feriante, tallerista y vecinalista. Silvia Cristina Guzmán construyó buena parte de su historia en barrio Alberdi, el lugar donde nació y creció y que, según reconoce, conoce “como la palma de su mano”. En una nueva edición de Retrato sin marco, contó cómo una situación familiar compleja terminó cambiando el rumbo de su vida y despertando una vocación que hoy busca trasladar a toda la comunidad.
El punto de inflexión llegó cuando su marido tenía 42 años y sufrió un ACV. Durante aproximadamente un año no pudo trabajar y la familia debió reorganizarse para salir adelante. Una de sus hijas estudiaba Bioquímica en Córdoba y Silvia necesitaba encontrar una alternativa que le permitiera generar ingresos sin dejar de acompañar a su esposo durante las terapias.

Fue entonces cuando la cocina se convirtió en una salida económica y, al mismo tiempo, en su “cable a tierra”. Comenzó preparando budines y alfajores desde su casa, retomando una experiencia que ya había tenido durante los años del trueque en Alberdi. Con el tiempo decidió capacitarse y sumar nuevas herramientas para convertir aquella actividad en un emprendimiento.
“Aprendí que todo se puede. No tenés que bajar los brazos, tenés que salir adelante”, resumió Guzmán al recordar aquella etapa.
De un grupo de WhatsApp a una feria de emprendedores
Ese espíritu también fue el origen de Teneme en Cuenta, una feria que comenzó a gestarse a partir de un grupo de WhatsApp de compra y venta que Silvia había creado antes de la pandemia. Con las restricciones, cada vez más vecinos comenzaron a utilizarlo para ofrecer productos y generar ingresos desde sus casas.
Cuando volvieron las actividades presenciales, entendió que había que sacar esos emprendimientos a la calle. La primera feria reunió a menos de diez participantes en Presidente Perón al 1100. Después creció, llegó a Plaza Alberdi y comenzó a participar de distintos eventos convocados por organismos públicos.

Detrás de los puestos, sostiene Silvia, existe una realidad económica que muchas veces queda fuera de escena. Madres que necesitan completar los ingresos familiares, personas que perdieron su empleo y jubilados que encuentran en las ferias una manera de sumar dinero ante haberes que no alcanzan.
“La persona necesita una oportunidad de trabajo y no una ayuda regalada. En este momento tampoco le alcanzaría. Las oportunidades que le den al emprendedor son lo principal: el trabajo”, afirmó.
Pero Guzmán destaca que las ferias cumplen además otra función: generan vínculos. Para muchos adultos mayores, explicó, no representan solamente un ingreso adicional, sino también un espacio de compañía, contención y pertenencia.
Una vecinal que volvió a tener vida
Hace alrededor de siete meses, otro desafío apareció en su camino: asumir la presidencia de la Vecinal Peirano. Su llegada comenzó cuando una vecina necesitaba un espacio para organizar un evento solidario destinado a ayudar a un familiar que debía someterse a una operación.

Silvia comenzó entonces las gestiones para recuperar el espacio vecinal y, cuando llegó el momento de conformar una lista, fueron los propios vecinos quienes le propusieron encabezarla.
Desde entonces, asegura que encontró allí una herramienta fundamental para recuperar el contacto cotidiano con la comunidad. Talleres, actividades para adultos mayores y una escuela de fútbol para los chicos forman parte de una propuesta que busca devolverle movimiento al espacio.
Para Guzmán, la vecinal debe funcionar como un puente entre los vecinos y el Estado, pero también como un lugar capaz de generar oportunidades y contención para distintas generaciones.
A pocos meses de cumplir 60 años, Guzmán asegura que gran parte de sus objetivos personales ya están cumplidos. Más que pensar en nuevas metas individuales, dice que ahora pretende dejar algo para quienes vienen detrás.

Su principal orgullo es su familia y el acompañamiento que recibió durante los momentos más difíciles. Por eso, el legado que imagina no está relacionado con un cargo ni con un emprendimiento particular, sino con una forma de vincularse con los demás.
“Algún día, cuando yo no esté, me gustaría que alguno diga: ‘Si Silvia lo pudo hacer, ¿por qué no lo voy a poder hacer yo?’”, expresó.
Esa idea resume una historia atravesada por las dificultades económicas, el trabajo y la organización comunitaria. De aquella cocina desde la que comenzó a producir para sostener a su familia hasta una vecinal llena de actividades, Silvia Guzmán mantiene una misma convicción: generar oportunidades puede transformar una historia individual, pero también puede cambiar la vida de un barrio.


