Ganó el Mundial de bochas, pero cuando volvió lo echaron del trabajo
Pascual Ramírez, el deportista de Río Cuarto que se consagró campeón mundial en Brasil, fue recibido con una caravana por familiares y amigos. Sin embargo, apenas un día después de los festejos, recibió un mensaje en el que le comunicaron que se había quedado sin trabajo.

De la alegría de ser campeón del mundo a la preocupación por quedarse sin empleo. Esa es la realidad que atraviesa Pascual Ramírez, el riocuartense que se consagró campeón mundial de bochas en Brasil y que, apenas regresó a la Argentina, recibió una noticia que opacó uno de los momentos más importantes de su carrera deportiva.
El deportista había conquistado el título mundial junto a Renzo Farías en el Campeonato Mundial de Punto Raffa Volo, disputado en Garibaldi, Brasil. A su regreso a Río Cuarto, familiares, amigos y vecinos organizaron una caravana para celebrar la histórica consagración. Sin embargo, al día siguiente de los festejos, cuando se preparaba para retomar su actividad laboral, recibió un mensaje inesperado.
“Festejé el lunes y el martes ya estaba listo para irme al trabajo. Me llegó un mensajito que no me presentara y que me dejaban sin trabajo”, relató Ramirez en diálogo con Telediario.
De campeón del mundo a buscar trabajo
Ramírez explicó que llevaba años trabajando en una empresa vinculada a una persona que también compartía su pasión por las bochas. Según relató, su antiguo empleador había fallecido dos años atrás y sus hijos quedaron al frente de la actividad.
Durante ese tiempo, aseguró que siempre había contado con permisos y acompañamiento para participar en competencias deportivas. Sin embargo, tras su regreso del Mundial, la situación cambió.
“Siempre tuvieron el apoyo, me apoyaron para estas cosas, siempre me dieron los permisos, pero bueno, se ve que se habían cansado”, expresó.
De todos modos, el campeón aclaró que la empresa no le comunicó que su desvinculación estuviera relacionada con la práctica deportiva, aunque manifestó sus dudas sobre las razones que le dieron.
“Hay otros motivos de por medio que yo digo que son excusas”, sostuvo.
El esfuerzo detrás de una medalla de oro
La situación de Ramírez también pone en evidencia las dificultades que enfrentan muchos deportistas amateurs argentinos, que deben combinar entrenamientos, competencias internacionales y obligaciones laborales para sostener sus carreras.
En su caso, el riocuartense contó que tuvo que organizar una cena para recaudar fondos y afrontar parte de los gastos de su participación en el Mundial. La preparación también demandó varios meses de entrenamiento físico y deportivo, además del acompañamiento de familiares, amigos y personas vinculadas a las bochas.
Su historia deportiva comenzó a los siete años, cuando jugaba en el patio de su casa siguiendo una tradición familiar. Tras años de esfuerzo, logró representar a la Argentina y consagrarse campeón del mundo en su primera participación mundialista.
La conquista tuvo una dedicatoria especialmente emotiva: su madre, fallecida apenas tres meses antes del torneo, y Dante Berardo, una de las personas que más lo acompañó en su formación deportiva.
Un campeón mundial que ahora busca una oportunidad laboral
Actualmente, además de competir, Ramírez preside la Asociación Riocuartense de Bochas, desde donde trabaja para promover la disciplina y acercar a nuevas generaciones a este deporte.
Mientras recibe el reconocimiento de la comunidad por su consagración internacional, también comenzó a buscar alternativas para recuperar su estabilidad laboral. “Ya tengo ahí algunos contactos, pero bueno, estamos estas dos semanitas descansando un poco. La cabeza anda a mil. Ojalá que aparezca algo”, contó.
Quienes deseen contactarlo pueden hacerlo a través de su cuenta de Instagram, @pascual.92, o mediante la producción de Telediario.
La historia de Pascual Ramírez refleja una de las grandes contradicciones del deporte amateur argentino: alcanzar la máxima gloria representando al país no siempre garantiza las condiciones necesarias para sostener una carrera deportiva y una vida laboral.
En apenas 24 horas, el riocuartense pasó de celebrar el logro más importante de su trayectoria a enfrentar la incertidumbre de no tener trabajo.




