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El Niño ya genera efectos en Córdoba: Prevén más lluvias y advierten por el riesgo de excesos hídricos

 El ingeniero especialista en agroclimatología Roberto Seiler explicó en diálogo con Telediario que el fenómeno continúa intensificándose y podría alcanzar su máximo entre diciembre y enero. Para Río Cuarto, señaló que los antecedentes de Niños fuertes muestran lluvias superiores al promedio, aunque pidió evitar una mirada “catastrófica” y reforzar la prevención.



El fenómeno de El Niño continúa intensificándose en el océano Pacífico y sus efectos ya comienzan a sentirse en esta región, en medio de un escenario marcado por excesos hídricos y problemas provocados por las lluvias en distintos puntos del país.

Roberto Seiler, ingeniero especialista en agroclimatología, explicó en diálogo con Telediario qué puede esperarse para Córdoba y cuáles son los principales riesgos.


El especialista hizo una primera aclaración: “El Niño no llega a Córdoba”. El fenómeno se desarrolla en el Pacífico, frente a las costas de Perú y Ecuador, donde se registra un calentamiento extraordinario del océano. Son sus denominadas “teleconexiones”, es decir, sus efectos a distancia sobre la atmósfera, las que pueden modificar el régimen de precipitaciones en distintas regiones del planeta.

Según Seiler, ese impacto ya puede advertirse en el centro del país. “Estamos teniendo un invierno húmedo”, sostuvo, y explicó que el calentamiento del Pacífico comenzó a intensificarse entre mayo y julio y todavía continúa avanzando. De acuerdo con las proyecciones analizadas, podría alcanzar su máxima intensidad alrededor de diciembre y enero.



¿Un “Superniño”?

Seiler prefirió evitar esa denominación y habló de un “Niño fuerte”. Como referencia mencionó episodios anteriores registrados en 1982-1983, 1997-1998, 2015-2016 y 2023-2024. Actualmente, explicó, la temperatura del Pacífico se encuentra aproximadamente dos grados por encima de su valor normal.

¿Y qué podría significar esto para Río Cuarto? El especialista señaló que, tomando como referencia otros eventos fuertes, las precipitaciones acumuladas entre octubre, noviembre, diciembre y enero pueden ubicarse alrededor de 100 milímetros por encima del promedio.

Sin embargo, remarcó que el problema central no necesariamente será esa cantidad adicional de agua, sino cómo y en cuánto tiempo precipite. Si esos milímetros se distribuyen durante varios meses, el impacto puede ser limitado. El escenario cambia frente a tormentas capaces de descargar grandes volúmenes en poco tiempo, especialmente sobre suelos que ya presentan elevados niveles de humedad o saturación.

El riesgo no depende solamente de El Niño

Seiler pidió evitar “demonizar” el fenómeno y recordó que algunas de las inundaciones más graves de las últimas décadas ocurrieron incluso sin un Niño fuerte. Mencionó la histórica inundación de Santa Fe en 2003, la tragedia de La Plata en 2013 y el temporal que afectó a Bahía Blanca en 2025.

El dato resulta central para la prevención: una emergencia hídrica no depende únicamente de El Niño, sino también de la intensidad de cada tormenta, el nivel de saturación de los suelos, los sistemas de drenaje y la infraestructura disponible para responder.

Por eso, Seiler valoró las tareas preventivas que comenzaron a desarrollar municipios y organismos de Defensa Civil. “Las instituciones no deberían dejar de analizar las situaciones de riesgo”, señaló. El objetivo, explicó, es anticiparse para evitar que una emergencia termine convirtiéndose en una catástrofe.


El campo ya comienza a tomar decisiones

El escenario también tiene impacto directo sobre la producción agropecuaria. Según explicó el especialista, hay productores que ya trasladan hacienda desde sectores bajos hacia terrenos más elevados y evalúan las condiciones de cada lote antes de definir las próximas siembras.

La advertencia cobra especial importancia para las economías regionales y las zonas rurales del centro del país: un Niño fuerte puede representar una recuperación hídrica favorable para determinados cultivos, pero también elevar considerablemente el riesgo en campos bajos, caminos rurales y localidades con infraestructura insuficiente.


El mensaje, entonces, no es de alarma sino de prevención. El Niño se perfila fuerte y existe una mayor probabilidad de precipitaciones superiores a las habituales. La incógnita decisiva será cómo se distribuirán esas lluvias y qué tan preparados estarán campos, ciudades e infraestructura para recibirlas.



 
 

Telediario Digital

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