Malvinas, petróleo y un fuerte cuestionamiento a la ONU: las definiciones de Milei en Nueva York
El Presidente concentró buena parte de su discurso ante Naciones Unidas en el reclamo de soberanía, cuestionó la explotación petrolera en las islas y volvió a pedirle al Reino Unido que retome las negociaciones. También ratificó el alineamiento con Estados Unidos e Israel y defendió una menor regulación de la inteligencia artificial.
El presidente Javier Milei llevó este miércoles el reclamo por las Islas Malvinas al centro de su exposición ante la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas.
En uno de los pasajes principales aseguró que “Malvinas es para nosotros una causa nacional” y advirtió que la Argentina no se limitará a esperar una respuesta de los organismos internacionales: “Va a tomar cartas en el asunto”.
El mandatario dirigió buena parte de sus críticas hacia la propia ONU, a la que cuestionó por la falta de consecuencias concretas frente a sus resoluciones. Milei planteó que el organismo pierde autoridad cuando sus decisiones no modifican los hechos y vinculó directamente ese cuestionamiento con la disputa por las islas y sus espacios marítimos.
Naciones Unidas reconoce desde hace décadas la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido y distintas resoluciones han instado a ambos gobiernos a retomar negociaciones para alcanzar una solución pacífica.

Uno de los ejes más concretos fue el proyecto petrolero Sea Lion, que avanza en la Cuenca Malvina Norte. Milei calificó de ilegítimas las licencias otorgadas por las autoridades británicas y sostuvo que el Gobierno argentino ya inició acciones administrativas y jurídicas, sancionó a empresas vinculadas a esas actividades y envió al Congreso una Ley de Defensa de la Soberanía Nacional.
El Ejecutivo había anunciado previamente procedimientos contra empresas y proveedores involucrados en la explotación de hidrocarburos en el área en disputa.
La cuestión excede así el plano diplomático: en juego aparecen también recursos energéticos y estratégicos del Atlántico Sur. Milei incluso vinculó el conflicto con la política energética argentina: invitó a las compañías internacionales a invertir en Vaca Muerta, pero sostuvo que esa apertura tiene un límite para aquellas firmas involucradas en actividades que el Estado argentino considera contrarias a sus derechos soberanos.
El Presidente volvió además a convocar al Reino Unido a reanudar las negociaciones por soberanía. Londres mantiene una posición opuesta: el gobierno británico sostiene que no discutirá soberanía sin el consentimiento de los habitantes de las islas y reivindica su derecho a la autodeterminación y a explotar los recursos naturales. Esa postura fue ratificada oficialmente por el Reino Unido apenas cinco días antes del discurso de Milei.

Fuera del capítulo Malvinas, Milei ratificó el alineamiento argentino con Occidente y destacó específicamente los vínculos con Estados Unidos e Israel. También defendió el desarrollo de la inteligencia artificial con un marco de mayor libertad económica y menor intervención estatal, al considerar que puede convertirse en una herramienta decisiva para aumentar la productividad.
El mensaje dejó así dos definiciones centrales de política exterior: una profundización del vínculo estratégico con Washington e Israel y, al mismo tiempo, una decisión de elevar el perfil internacional del reclamo por Malvinas, particularmente frente al avance de la explotación de recursos naturales. El desafío será determinar qué alcance concreto tendrán las medidas anunciadas por el Gobierno y cómo responderán el Reino Unido y las empresas involucradas en los proyectos del Atlántico Sur.




