Seis de cada 10 jóvenes argentinos quieren irse de la casa de sus padres, pero no pueden
- Telediario Digital

- 8 ago
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La falta de ingresos suficientes, la informalidad laboral y el endeudamiento aparecen entre las principales dificultades para construir una vida independiente. Según los datos analizados, el 57% no llega a fin de mes y el 76% trabaja en la informalidad.
Independizarse, conseguir un empleo estable y proyectar una vida propia se convirtió en un desafío cada vez más difícil para una parte importante de los jóvenes argentinos. Según los datos expuestos a partir de un informe del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), seis de cada diez quieren dejar la casa de sus padres, pero las dificultades económicas se lo impiden.

El panorama laboral aparece como una de las principales barreras. De acuerdo con los números presentados, el 76% se desempeña en la informalidad y el 57% no logra llegar a fin de mes. A esto se suma otro dato relacionado con la educación: un 60% no terminó el secundario.
Sin embargo, el problema no estaría vinculado únicamente con la falta de expectativas personales. Según el análisis realizado en Telediario, el 87% quiere progresar, pero encuentra dificultades para hacerlo. La imposibilidad de acceder a empleos estables y salarios suficientes condiciona proyectos como estudiar, alquilar una vivienda o simplemente sostener los gastos cotidianos.
Deudas para cubrir gastos básicos
La necesidad de conseguir dinero también llevó a muchos jóvenes a recurrir a diferentes formas de financiamiento. Entre las fuentes mencionadas aparecen los familiares, con un 68%; prestamistas, con un 39%; billeteras virtuales, con un 21%; y tarjetas de crédito, con un 18%.

Al mismo tiempo, la falta de ingresos obliga a recortar consumos básicos. Según los datos expuestos, un 40% redujo la compra de alimentos, mientras que otro 18% debió ajustar gastos en ropa y calzado.
La situación incluso alcanza a quienes alguna vez consiguieron independizarse. Durante el análisis se destacó que hay jóvenes que lograron mudarse y pagar un alquiler, pero que debieron regresar a la casa familiar por la pérdida del empleo o porque sus salarios dejaron de alcanzar para sostener los gastos.
El impacto va más allá del bolsillo
Las dificultades económicas también tienen consecuencias sobre el bienestar cotidiano. De acuerdo con el relevamiento citado, siete de cada diez jóvenes encuestados manifestaron atravesar ansiedad o nerviosismo frecuente, mientras que más de la mitad experimentó tristeza o desgano.

El escenario plantea una problemática que excede la decisión individual de irse o permanecer en la casa familiar. Para muchos jóvenes, conseguir trabajo, terminar sus estudios, alquilar y construir un proyecto propio depende de condiciones económicas que hoy aparecen cada vez más difíciles de alcanzar.
“No estamos hablando de falta de ganas, estamos hablando de falta de un horizonte de posibilidades”, fue una de las conclusiones planteadas durante el análisis. Una realidad que pone en discusión las oportunidades disponibles para una generación que busca independizarse, pero encuentra cada vez más obstáculos para hacerlo.



