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Tenía 18 años cuando recibió un beso de Juan Pablo II: la historia del riocuartense que nunca olvidó aquel encuentro

hace 21 horas
2 min de lectura

Manuel López era seminarista cuando tuvo la oportunidad de estar a pocos metros de Juan Pablo II durante su visita a la Argentina en 1982, en plena Guerra de Malvinas. Lo saludó, le estrechó la mano y recibió un beso. Hoy, ante la llegada de León XIV, recordó en Telediario una experiencia que todavía lo emociona.

Hay encuentros que duran apenas unos segundos, pero quedan grabados para toda la vida. Manuel López tenía 18 años cuando estuvo cara a cara con el papa Juan Pablo II en la Basílica de Luján, en junio de 1982. Aquel joven seminarista de Río Cuarto jamás imaginó que tendría la oportunidad de estrecharle la mano y recibir un beso de quien años después sería declarado santo por la Iglesia Católica.



La historia ocurrió en un momento especialmente difícil para la Argentina. El país atravesaba los últimos días de la Guerra de Malvinas y Juan Pablo II llegó con un mensaje de paz. Manuel formaba parte de un grupo de once seminaristas que colaboraban en la basílica, donde se habían organizado los preparativos para recibir al pontífice.


Durante una entrevista con Telediario, recordó que entre los jóvenes se realizó una especie de sorteo para definir quién tendría la responsabilidad de acercarle el báculo al Papa. Sin embargo, lo que más recuerda no es aquella tarea, sino el encuentro personal. “Nos saludó a cada uno con un apretón de mano y un beso”, relató.


“Fue mágico, estabas como volando en el cielo. Inimaginable, irrepetible. Son cosas que se guardan para siempre, toda la vida”, expresó Manuel, visiblemente emocionado al reconstruir aquella experiencia después de más de cuatro décadas.


Su historia también estuvo atravesada por las dificultades familiares. Había ingresado al seminario con la intención de seguir la vida religiosa, pero la enfermedad de su padre lo obligó a regresar a Río Cuarto. Como hermano mayor de una familia de siete hijos, tuvo que trabajar para ayudar a su madre y acompañar a sus hermanos. Finalmente, no llegó a ordenarse sacerdote.


Hoy, a sus 63 años, Manuel asegura que conserva intacta la emoción de aquel encuentro, aunque no tiene fotografías ni recuerdos materiales. “El haber estado con él y el haber tocado a un santo es maravilloso”, sostuvo. También recordó la mirada de Juan Pablo II y la paz que, según describió, transmitía su presencia.

La próxima visita de León XIV a la Argentina volvió a despertar aquellos recuerdos. Manuel reconoció que le gustaría presenciar nuevamente un acontecimiento de esa magnitud, aunque considera que difícilmente pueda repetirse la cercanía que experimentó en 1982. Por eso, dejó un mensaje para quienes tendrán la oportunidad de estar frente al pontífice: “Que lo disfruten, que lo disfruten”.

 
 

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