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“Tenemos que aprender a cancelar actividades”: el llamado de un especialista ante las alertas por tormentas

hace 2 horas
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Tras el registro de un posible tornado cerca del cerro El Morro y las lluvias que superaron los 150 milímetros en Corral de Bustos, el investigador del CONICET Marcelo García explicó cómo influye El Niño en la frecuencia de las precipitaciones.

Las imágenes de un fenómeno con apariencia de tornado en las inmediaciones del cerro El Morro, en San Luis, y el intenso temporal que afectó a Corral de Bustos, en el sudeste cordobés, volvieron a poner en discusión una pregunta: ¿las tormentas que se están registrando son un anticipo de lo que puede ocurrir con El Niño?



En Corral de Bustos cayeron más de 150 milímetros de lluvia durante el temporal, acompañados por una intensa granizada que provocó anegamientos, obstrucción de desagües y complicaciones en distintos sectores de la localidad. También Río Cuarto sufrió recientemente precipitaciones superiores a los 50 milímetros en apenas media hora, con calles inundadas y canales de desagüe al límite de su capacidad.


En diálogo con Telediario, Marcelo García, investigador del CONICET, docente de la Universidad Nacional de Córdoba e integrante del Consejo de Asesores del Gobierno provincial, explicó que es importante diferenciar los fenómenos meteorológicos extremos de los procesos climáticos de largo plazo.



¿El Niño provoca tornados y tormentas extremas?

El especialista aclaró que no existe una relación causal directa entre El Niño y cada tormenta intensa. El calentamiento de las aguas del océano Pacífico modifica los patrones de circulación atmosférica y favorece una mayor disponibilidad de humedad, lo que puede traducirse en más jornadas de lluvia.

“Lo que sí está relacionado con El Niño es la mayor cantidad de eventos. Entonces, puede hacer que uno de esos eventos sea extremo”, explicó García.

Según detalló, las condiciones locales son las que determinan si esa humedad termina generando una tormenta de gran intensidad. Por eso, aunque se esperan precipitaciones más frecuentes y mayores acumulados durante los próximos meses, esto no significa que cada lluvia vaya a ser más violenta.

García señaló que históricamente El Niño suele alcanzar su pico cerca de diciembre, aunque sus efectos pueden mantenerse durante enero, febrero, marzo y abril.


Sin embargo, advirtió sobre un riesgo que muchas veces pasa inadvertido: la saturación de los suelos y el aumento del nivel de las napas. En regiones llanas del sur cordobés, la acumulación prolongada de agua puede reducir la capacidad de absorción del terreno y favorecer nuevas inundaciones, incluso ante lluvias de menor intensidad.


El investigador explicó que esta situación preocupa especialmente a quienes trabajan en la gestión de los recursos hídricos, porque las consecuencias pueden continuar después de que termine el fenómeno climático.

Frente a este escenario, García insistió en la necesidad de prestar atención a los pronósticos y respetar las alertas meteorológicas.

Como ejemplo, contó que su equipo decidió suspender una actividad de campo en la zona del río Carcarañá ante una alerta naranja. Para el especialista, aprender a cancelar actividades cuando existe riesgo es una medida fundamental de prevención.



El desafío no será solamente enfrentar tormentas intensas, sino prepararse para un período con mayor frecuencia de precipitaciones y posibles consecuencias acumulativas, especialmente en ciudades y localidades donde los sistemas de drenaje ya presentan dificultades ante lluvias concentradas.

 
 

Telediario Digital

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