“Es terriblemente adictiva y muy letal”: qué es el pipazo y por qué preocupa a los especialistas
La doctora Andrea Vilkelis, jefa de Toxicología del Hospital de Urgencias de Córdoba, explicó en diálogo con Telediario cómo se consume esta sustancia, qué efectos produce y por qué genera una dependencia tan intensa. “No les importa comer, dormir ni nada”, advirtió.
El llamado “pipazo”, una sustancia de bajo costo y alto poder adictivo que volvió a quedar bajo la lupa a partir de testimonios sobre su circulación y consumo, genera preocupación entre especialistas por la velocidad con la que produce dependencia y por las graves consecuencias que puede tener sobre la salud.
En diálogo con Telediario, la doctora Andrea Vilkelis, jefa de Toxicología del Hospital de Urgencias de Córdoba, explicó que en Córdoba se denomina “pipazo” a una sustancia que vinculó con el paco y con etapas previas a la producción del clorhidrato de cocaína.
“Es terriblemente adictivo. Es muy poco el tiempo en el cual una persona, de estar dentro de todo bien, puede llegar a morir. Es muy letal”, sostuvo la especialista.

¿Qué es y cómo se consume el “pipazo”?
Vilkelis explicó que esta sustancia se consume fumada mediante pipas improvisadas o artesanales.
“Pueden ser desde una lapicera, un caño o alguna cosa que asemeje una pipeta, una pipa, sin ser las pipas que uno conoce tradicionalmente”, detalló.
Según explicó durante la entrevista, la sustancia puede contener distintos productos químicos utilizados durante procesos relacionados con la cocaína, además de alcaloides y restos de la propia sustancia.
La especialista hizo especial hincapié en que se trata de un producto barato, aunque aclaró que la intensidad de la dependencia provoca que una persona necesite consumirlo repetidamente a lo largo del día.
“Están todo el día consumiéndolo. Es una adicción que genera una necesidad de fumar durante todo el día porque, si no, entran en un bajón importante”, señaló.
De acuerdo con Vilkelis, después de fumarlo se produce rápidamente un estado de euforia que puede durar apenas unos minutos y que luego cae de manera abrupta.
“El efecto es muy rápido. Tarda tres o cuatro minutos en subir a una euforia terrible e inmediatamente cae. Entonces, más o menos cada 15 minutos van fumando”, explicó.
Esa dinámica, según la toxicóloga, puede generar jornadas completas de consumo.
“La adicción es tal que no les importa comer, no les importa dormir, no les importa nada. Por eso es que andan como ‘zombis’, en el sentido de que no duermen, pasan muchos días y cuando duermen caen muy profundamente”, sostuvo.
Violencia, accidentes y policonsumo
La especialista también planteó que el impacto de las drogas no siempre llega al Hospital de Urgencias bajo la forma de una sobredosis claramente identificable.
Explicó que muchos pacientes ingresan por accidentes de tránsito, heridas de arma blanca, heridas de arma de fuego o peleas, y que los estudios toxicológicos pueden revelar el consumo simultáneo de distintas sustancias.
“Los pacientes graves a los que les hacemos los dosajes tienen a veces de tres a cinco drogas encima”, afirmó.
En ese sentido, Vilkelis remarcó que actualmente el fenómeno predominante es el policonsumo.
“No podés decir que solamente es pipazo, marihuana o éxtasis. Vienen todos con algo que se llama policonsumo. En general no hay una sola droga: son varias las que consume cada persona”, indicó.
Incluso dentro de ese escenario, señaló que el alcohol continúa apareciendo como la principal sustancia detectada en los pacientes atendidos en el Hospital de Urgencias, por encima del resto de las drogas.

Consultada sobre las posibilidades de recuperación, Vilkelis sostuvo que una persona con esta adicción puede recibir tratamiento, aunque remarcó que se requiere un abordaje complejo.
El primer paso ante una intoxicación consiste en estabilizar al paciente y eliminar progresivamente las sustancias de su organismo. Después comienza un proceso que, según explicó, excede ampliamente la intervención médica.
“La persona, para salir de esto, primero tiene que querer salir. La voluntad propia es lo primero porque uno no puede obligar”, expresó.
Pero agregó que la recuperación tampoco puede recaer exclusivamente sobre quien atraviesa una adicción.
“Por cada adicto hay muchas personas que tienen que actuar: no solo la familia, también profesionales y el Estado. Es un combo de gente para tratar de sacar a una persona, no solo del pipazo sino de cualquier droga”, sostuvo.
Durante la entrevista, Vilkelis aseguró además que existen estudios que describen una supervivencia extremadamente corta entre personas que desarrollan una adicción severa a este tipo de sustancia y mencionó, como referencia, un promedio de seis meses.
Más allá de esa estimación, su advertencia central apuntó a la velocidad con la que se instala la dependencia, el deterioro físico asociado al consumo constante y la frecuente combinación con otras sustancias.
La aparición del “pipazo” en testimonios vinculados a situaciones de violencia vuelve así a poner en discusión una problemática que, según especialistas y referentes que trabajan con adicciones, requiere no solamente una respuesta sanitaria, sino también prevención, acompañamiento familiar y políticas sostenidas de abordaje de los consumos problemáticos.




